La posmodernidad en la moda

Para analizar la etapa que va desde 1976 a 1990, tenemos que tener presente los carriles diferentes por los cuales transitó la acción política, económica y social en nuestro país y en los países industrializados. El auge tecnológico y la crisis del petróleo del año 1973 habían provocado en los países productores de moda a escala mundial ciertas alteraciones en sus sistemas económicos y sociales que suscitaron cambios en los comportamientos. Así como hemos considerado que el período posterior a la Primera Guerra Mundial fue el momento culminante de la modernidad, creemos que la etapa actual es el paradigma de la posmodernidad en los países de industrialización más avanzada (posindustriales), ya que en estos años forman parte de la nueva jerarquía de valores que habían ido surgiendo desde los años 50. Normas, costumbres, hábitos y modas posmodernas se potencian y llegan a su máximo paroxismo, lo que nos lleva a pensar que a partir de este momento comenzará su declinación.

En esta etapa se asiste como nunca antes a la presentación y puesta a punto, de manera conjunta, de algunos principios de la posmodemidad: hedonismo, eficiencia en el manejo de tecnología sofisticada, igualdad, tendencia a la democratización, vacío existencial, fragmentación, vuelta al pasado, lo efímero como constante, el desmesurado consumismo. El hedonismo de principios de la década del 80 se encarna en el culto exagerado al cuerpo, la buena vida, el mejor disfrute de servicios y bienes, la necesidad de buenos diseños y el control de calidad. La eficiencia en el manejo de tecnología sofisticada, computadoras para mejorar y optimizar el uso del tiempo y organizar la propia vida disponiendo de más cantidad de horas libre.

La igualdad, simbolizada en la androginia, o sea en una nueva filosofía que diluye ciertas diferencias en la manera de encarar la vida. Se comprueba una vez más que cuanto mayor es la diferenciación entre las vestimentas femeninas y masculinas, menores son las oportunidades vitales para la mujer, por eso se tiende a la igualdad en la moda. La tendencia a la democratización: nunca como en esta época la condición femenina se vio modificada por el hecho de que la mujer tuvo acceso a múltiples elecciones de vida; la sobre elección en todos los ámbitos es una característica de la posmodernidad.

El vacío de cada existencia y la soledad, que se manifiestan en drogas y en un alto porcentaje de suicidios cuando se vuelven hacia sí mismos, y en violencia y destrucción cuando se vuelven hacia los demás.

La fragmentación que en la esfera de la moda se traduce en la multiplicación de las líneas que se arman según las diferentes situaciones. La vuelta al pasado, porque como nunca antes, los años 80 carecieron de una tendencia estilística propia, ya que la tendencia es el “todo vale”, inspirado en el pasado. Ya no existen las vanguardias, sólo grupos que se transforman en referentes para los demás, porque señalan pautas a seguir y “venden imágenes” de diferentes estilos de vida.

Lo efímero de las modas y el exagerado consumismo llegan a su máxima expresión con los “Yuppies”, grupos de profesionales de altos ingresos, que pueden desechar a gran velocidad y volver a consumir sin problemas.

Todas estas características se ponen de manifiesto encamando en la moda los opuestos, mostrando las contradicciones posmodemas: en una época de planchas automáticas, los géneros se usan arrugados; con una avanzada tecnología, las terminaciones son desprolijas y sin dobladillar; con excelentes tinturas, los géneros van desteñidos y manchados; todo vale: roturas, ruedos descosidos, mezclas de texturas, etcétera.

Durante estos años, la Argentina, sin cumplir todavía las etapas de la posmodemidad y debatiéndose en un proceso de desindustrialización, comienza a replegarse en sí misma y en consecuencia a involucionar. Si analizamos esta problemática desde el sistema de la moda, comprobamos que mientras Europa y los Estados Unidos salen fortalecidos, después del período de confusión y aceleración de los calos, la Argentina empieza su lenta declinación pues la industria textil, sin una política industrial global, se ve tironeada por medidas económicas y políticas que no la contemplan.

Desde el año 1976, cuando comienza el gobierno militar que termina en 1983, y más concretamente durante la administración del Dr. José Alfredo Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía “se implementó una política económica cuyo eje consistió en hacer del mercado financiero el ámbito privilegiado de valorización del capital. Política que tuvo consecuencias tanto o más vastas para el sector manufacturero que las medidas específicamente dirigidas a él”.

Esta política tuvo nefastas consecuencias para el sector manufacturero porque con altas tasas financieras impulsó a desviar el capital de la producción industrial textil en general y de la indumentaria en particular. Junto con estas medidas se adoptó una política de puertas abiertas a los productos importados que inundaron los mercados (en su mayoría saldos de temporada y material descartado por los controles de calidad de los países productores de moda) y terminaron por agravar una situación que se completaba con una acción represora política y social.

El doctor Isaac Hertzriken, Gerente General de la Cámara Industrial de la Indumentaria, analiza las causas que provocaron esta situación y el tipo de estrategias que se adoptaron: “La industria de la indumentaria tiene una característica económica en todo el mundo: ante procesos recesivos, cae en forma mucho más pronunciada y rápida que cualquier otra industria, así como también cuando hay una expansión de los consumos crece mucho más fuertemente que los otros sectores productivos y lo hace en mucho menos tiempo. Es una función de demanda: cuando viene la recesión, cl consumidor se cierra y consume lo indispensable.