Un estilo especializado de moda

De los tres elementos que se manejan en la elaboración del estilo especializado de acuerdo con las profesiones: lo que se es, lo que se quiere ser y aquello que los demás esperan que uno sea, es el último punto cl que juega en mayor proporción. Hay un consenso generalizado de cómo los demás, es decir la sociedad, esperan que deban vestirse las personas de acuerdo con sus distintas profesiones. Se deja de lado el ser en favor del parecer. El caso de una alumna de pintura de la Escuela de Bellas Artes que debía presentarse después de las clases a un trabajo de tipo administrativo nos demuestra hasta qué punto se abandona muchas veces la propia imagen que cada uno quiere dar en función de la imagen que tiene la forma de vestirse de cada profesión: la elección de la ropa como empleada administrativa no coincidía con la elección de la ropa como alumna de Bellas Artes, independientemente de su estilo personal.

Sin embargo, esta especialización del estilo según las profesiones es algo relativamente nuevo y surge como una respuesta directa de la especialización profesional de la fuerza laboral femenina en la última década. Todavía hacia fines de la década del 60 no había surgido esta especialización del estilo según las profesiones femeninas. En una nota fechada en Londres y publicada en la revista Femirama de mayo de 1969 se decía: “El cambio más grande de la moda ocurrió durante la revolución industrial, aunque de manera gradual, y los hombres comenzaron a vestirse no por la función que desempeñaban sino por el trabajo que hacían. En cuanto a la mujer que trabaja en una oficina, por ejemplo, dactilógrafa, no se viste para aparecer como una dactilógrafa, sino simplemente como una mujer, que es su papel en la vida. En cambio, los hombres se visten según el tipo de trabajo que realizan, para que puedan ser identificados como banqueros, abogados, mensajeros, porteros, etc. Se visten de acuerdo con sus relaciones comerciales con los otros hombres y no para resultar atractivos a las mujeres”.

Cinco años más tarde estas afirmaciones hechas en 1969 comenzaban a perder vigencia. Sin embargo, no podemos atribuir esta manera particular de vestirse de cada profesión solamente a la entrada masiva de la mujer en el mercado de trabajo y la consecuente especialización de las profesiones. Tal vez encontremos la causa en el cambio notorio que se produjo en la manera de imponer la moda, que pasó de ser personal a ser totalmente despersonalizada. Antes de la década del 40 las mujeres de la clase alta imponían la moda desde las páginas de las revistas Atlántida y El Hogar. Durante las décadas del 40 y 50 la moda era impuesta por los astros y estrellas de cine con una influencia tan decisiva como la muestran estos ejemplos: cuando Clark Gable apareció en una escena de Sucedió una noche con una camisa sobre la piel, el descenso de la venta de camisetas fue tan grande en los Estados Unidos, que el sindicato del sector pidió a la productora que cortara la escena. Desde Francia, Brigitte Bardot popularizó el género a cuadritos “Vichy” rosa y blanco por aparecer con un vestido de esa tela con ancha falda y un pañuelo en la cabeza haciendo juego. Durante la década del 60, con el cambio en el estilo de vida, la moda fue impuesta por las primeras damas y las princesas: Jacqueline Kennedy, Farah Diba, Margaret Trudeau.

En la época actual ya no se sigue al personaje importante que impone la moda. Si bien hay algunas excepciones, como la de una cantante: Madonna, y dos princesas: Carolina de Mónaco y Diana de Gales, en general la acción de imponer la moda se despersonalizó, tomando el lugar “la novedad” y “lo último que salió”. Las personas ya no se preguntan: ¿Qué usa tal personaje?, sino: ¿Qué se usa? Como sabemos que la manera más efectiva de transmitir mensajes es, según los últimos trabajos en comunicación, la transmisión de persona a persona, resulta que las personas que pertenecen a los diferentes grupos de trabajo se van mimetizando entre sí. Hasta hace unos años la publicidad marcaba lo que usaba tal personaje incitando a la imitación; actualmente, la imitación se hace en gran proporción dentro de cada grupo profesional.

Hay grupos que empujan a la originalidad, como puede ser el de las mujeres que se expresan a través del arte y que dedican buena parte de su vida a la creación y a la recreación: artistas, escultoras, diseñadoras, escritoras, pintoras, cineastas, periodistas, actrices. Por supuesto que la personalidad de la mujer creadora basada en la afirmación de su individualidad tiende a la diferenciación y a la originalidad, eligiendo su estilo a través de lo que subraye las diferencias. Generalmente se conocen más y mejor que otras mujeres, son seguras y saben qué valores quieren transmitir, pero el grupo siempre es más que la suma de las personalidades de las mujeres que lo componen y resulta con una personalidad propia que frena o empuja.