Pisando los talones a la Revolución francesa, los períodos del Directorio y del Consulado constituyen un puente entre los estilos Luis XVI e Imperio. Los muebles de esta época fueron simples y clásicos, de acuerdo con las fuentes de inspiración grecorromana de las que derivaban. Flechas, lanzas, venablos, cisnes, liras, manos entrelazadas, águilas y gorros frigios fueron los símbolos elegidos para interpretar el lema revolucionario de libertad, igualdad y fraternidad.
Los años de la Revolución francesa comprendidos entre 1789 y 1794 se caracterizaron por un caos completo. Francia se sentía tensa, aturdida y ansiosa.
Después de las ejecuciones de Luis XVI y María Antonieta, todo lo que pudiera tener relación con la corte resultaba sospechoso. Los emblemas reales fueron retirados de los edificios. En Versalles se organizó una almoneda de muebles que duró más de un año. En la manufactura de los Gobelinos se quemaron obras artísticas inapreciables. Y, en la gran purga de aristócratas, los objetos bellos se destruyeron a millares. Dos artistas famosos del régimen anterior, David y Riesener, fueron designados por la Convención Nacional para que decidieran lo que debía salvarse, pero el saqueo sistemático de los tesoros aristocráticos continuó sin interrupción hasta el regreso del general Bonaparte de sus triunfales campañas en Italia y Egipto. Por entonces, grandes cantidades de hermosos muebles y objetos de arte habían desaparecido para no recuperarse jamás.
El colapso de la monarquía puso súbito fin a todos los esfuerzos creadores. La fabricación de muebles quedó temporalmente paralizada, así como las otras producciones artesanales. Pero, como a los franceses les era imposible vivir sin expresarse en alguna forma de arte, su fuerza creadora volvió a dejarse sentir gradualmente al restablecerse el orden. Nuevos diseños hicieron su aparición con las nuevas ideas republicanas que barrieron tanto los suburbios como los salones de París.
En la época del Directorio, los ciudadanos franceses distinguidos trataron de imitar las formas romanas de vida, tanto en el vestido como en las costumbres. Aunque no puede decirse que hubiese nada de espartano en la vida privada de los dirigentes franceses, imperaba la moda de los diseños griegos, romanos, pompeyanos y etruscos. Los símbolos de la Grecia y la Roma antiguas fueron rápidamente adoptados por los nuevos ricos, ansiosos de alejar de sí cualquier sospecha de albergar sentimientos aristocráticos. La decoración se aferró a los motivos clásicos, insistiendo en unas formas arcaicas que nada significaban para el francés medio.
No fue mucho el mobiliario producido durante el Directorio, pero, aun así, fue más de lo que se podía esperar de los tempestuosos años en los que cinco demagogos ebrios de poder peleaban entre sí por adueñarse de Francia. A los diseñadores franceses no les pareció incongruente utilizar, para crear un estilo destinado a los revolucionarios amantes de la libertad, los mismos motivos que les habían servido para complacer a los cortesanos amantes del lujo y que les servirían más tarde para un genio enamorado del poder. Los diseños del Directorio fueron sustancialmente los mismos del estilo Luis XVI, más un generoso aditamento de simbolismo grecorromano. Este simbolismo consistía en fasces, picas, águilas, estrellas, lanzas, ramas de laurel, gorros frigios, manos entrelazadas, liras, cisnes y cuernos de la abundancia.
Varios diseñadores notables contribuyeron al desarrollo del estilo Directorio. Además de David y Riesener, estaba también la famosa familia Jacob, cuyos diseños se consideraron el súmmum de la elegancia. Estos diseñadores, herederos del régimen anterior, continuaron produciendo versiones simplificadas del estilo Luis XVI, aunque introduciendo nuevos motivos basados en los triunfos militares del Directorio y el Consulado.
Las victorias de Bonaparte en Italia dieron un nuevo impulso a la fase grecorromana del diseño, introduciendo cariátides —estatuas de doncellas griegas que sostienen el pórtico del Erecteion, en Atenas—, antorchas, trípodes y toda una gama de motivos florales griegos, entre los que figuraban la madreselva y la hoja de acanto. La campaña de Egipto llevó a Francia una inundación de obeliscos, pirámides y esfinges, así como una extensa colección de animales mitológicos alados. Después del golpe de Estado de noviembre de 1799, que lo convirtió en primer cónsul y en virtual dictador de Francia, Bonaparte encargó al pintor David la tarea de crear un estilo que glorificase sus hazañas. David llamó a dos jóvenes diseñadores, Percier y Fontaine, para que lo ayudaran en la tarea.
