
Uno es la gradual relegación del traje pantalón tanto en la ropa de día como en la de noche. Se ha convertido sustituido el atraje con falda”, recomendado como la indumentaria de llevar con pantis y tacones. Otro signo inquietante es el estrechamiento de la falda hasta el punto en que gestos normales, como sentarse en un sofá bajo o saltar un charco, resulten difíciles. Prudence Glynn, que trabajó como periodista especializada en modas en el Times londinense, fue de las primeras que señaló las contradicciones internas de gran parte de la moda posfeminista. Los zapatos de plataforma y los zuecos que se hicieron populares durante los años setenta, por ejemplo, se suelen fabricar con una horma ancha que no comprima el pie; sin embargo, producen una forma de andar torpe y desmañada y, además de ser difíciles de manejar, son peligrosos, provocando a menudo graves lesiones. Como dice Prudence Glynn, «por su altura pretenden satisfacer el instinto de las mujeres respecto a ser más altas y por tanto más importantes en comparación con los hombres. Por su estructura, que hace que caminar sea sumamente difícil, pretenden satisfacer el instinto de seguir siendo vulnerables».
Otro estilo popular de la época, conocido como look Annie Hall, por la ropa que llevaba Diane Keaton en la película del mismo nombre, era ambiguo en un sentido más complejo. Esencialmente suponía llevar ropa de hombre auténtica: elegantes trajes de tres piezas, chalecos, camisas, corbatas y sombreros en colores claros beige, hueso, tostado y gris, a menudo con aspecto de los años veinte. Todos se llevaba muy grande y suelto: cuellos abiertos, camisas muy anchas por fuera de los pantalones, mangas y patas enrolladas. Esta ropa se acompañaba con grandes bolsos y bisutería estrafalaria infantil: cerámica, madera y hojalata pintadas. El uso de ropa de hombre puede significar muchas cosas distintas. En los años treinta, actrices sofisticadas como Marlene Dietrich, vestidas con sombrero de copa, frac y trajes de elegante corte, proyectaban de la época de la guerra, y los tejanos y pantalones de los años. El estilo Annie Hall tiene un doble mensaje. Anuncia que quien lo lleva es una buena chica, una camarada: no misteriosa y delicadamente femenina, sino un marimacho fácil de tratar y dispuesta a todo, casi como un amigote más. No va a pedir que la protejan de la lluvia ni va a montar e espectáculo por tener que estar de pie en un partido de fútbol. Probablemente disfruta con los deportes activos y se le dan bien (aunque fastidiosamente bien, competitivamente bien). Además, por su chapa de Snoopy se puede ver que tiene sentido del humor y que en el fondo no es más que una niña. No obstante, al mismo tiempo esta ropa transmite un irónico mensaje antifeminista. Como se suele llevar con varias tallas de más, recuerda a un niño disfrazado con las cosas de su padre o de su hermano mayor para hacer una gracia, e implica: «Sólo estoy jugando; en realidad no soy lo suficientemente mayor para ponerme los pantalones de un hombre o para hacer un trabajo de hombre». Es éste un look de dulzura e indefensión, no de autoridad: invita al hombre a tomar el mando, aun cuando él mismo sea tan incompetente como los personajes que interpreta Woody Allen.
EL ZAPKTO COMO ARMA ESTRATÉGICA
Los intentos de limitar la movilidad de la mujer obstaculizando sus movimientos son antiguos y casi universales. Los pies atados de las jóvenes china de clase alta y la costumbre nigeriana de cargar las piernas de las mujeres con kilos de pesados cordones de cobre son ejemplos extremos, pero en todo el mundo se han utilizado estratagema similares para asegurarse de que encauces que se h atrapado a una mujer mostrase raro es que todos estos recursos bog bayan percibido los hombros nos parece una deformidad, fue admirado apasionadamente casi nadie le parecen feos los dedos comprimidos por el calzado la parte de este siglo han sido un componente esencial de la indumentaria hace que las piernas parezcan más largas una pierna extendida es la señal biológica de disponibilidad sexual en varias especies animales y porque producen lo que los antropólogos llaman «pavoneo de corte.jo». También hacen que estar de pie, aunque sea poco tiempo, sea doloroso, que caminar sea agotador y correr imposible. Los andares vacilantes y de puntillas se consideran provocativos, quizá porque garantizan que ninguna mujer que los lleve pueda correr más de prisa que el hombre que la persigue. Lo peor de todo es que, si se llevan continuamente desde la adolescencia, deforman los músculos de los pies y las piernas, de tal manera que resulta todavía más doloroso y difícil caminar con zapatos planos. Literal y figuradamente, los zapatos modernos de mujer son los que impiden que ella corra igual de rápido que él. Como podrá testificar cualquiera que los haya llevado, es difícil concentrarse en el trabajo cuando los pies te están matando, especialmente si estás que te caes de hambre porque sólo has desayunado medio pomelo y un café para mantenerte cinco kilos por debajo de tu peso ideal. Hubo una época, durante los años sesenta y setenta, en que no era necesario pasar por esta situación de inferioridad a menos que se optase por ello. Sin embargo, durante los últimos años las mujeres han empezado a usar otra vez zapatos estrechos de tacón alto, incluso con pantalones; y los estilos más de moda son los que, como los zuecos y las sandalias atados con una tira por el tobillo, dan menos apoyo a los pies y hacen que caminar sea sumamente difícil.
