
El luto prolongado era una costumbre que el Río de la Plata había recibido como herencia española. Ya en 1752 llegaron a nuestra ciudad las primeras normas que debían adoptar los vasallos en sus lutos al fallecimiento de una persona real; años más tarde se limita y reglamenta su uso. Aunque el luto se recibió como una costumbre de herencia española, se refuerza su uso como moda llegada de Inglaterra a partir del año 1861, año en que muere el príncipe Alberto, marido de la reina Victoria, que desde entonces se viste de luto. Por eso no nos asombra saber que durante los primeros años del período que estamos analizando era común ver la figura de las antiguas matronas que todavía se vestían a la usanza española y salían a la calle envueltas en grandes chales de merino negro. Sumamente curiosa resulta la acotación que el cronista de la época hace a continuación de la nota anterior: “Entre nosotros, hubo un tiempo en que los militares hacían gala de llevar arito, los compadritos también, pero hoy han caído en desuso esos adornos masculinos…”.
En el número 64 del 19 de marzo de 1865, en el Correo del Domingo podernos leer una nota traducida del francés y titulada “La mujer artificial”: “La parisiense no sólo decide los colores que han de llevarse en toda Francia y el mundo entero, sino que también inventa, de vez en cuando, tal o cual forma desusada para el cuerpo femenino. Aunque había también respecto del corsé consideraciones morales no olvidemos que estamos en plena época victoriana, en la cual “toda cintura desatada” era vista como “fuentes de vicios” lo cierto es que servía para indicar la diferencia de clase. Una mujer encorsetada no podía tener ninguna actividad, sólo mostrarse, a semejanza de las mujeres chinas que se vendaban los pies hasta contraerlos para demostrar hasta qué punto el marido podía darse el lujo de mantenerlas ociosas.
La moda en su función de demostrar poder económico y búsqueda de diferencia social llega a la propia transformación del cuerpo humano. En Buenos Aires las operarias de la fábrica de cigarrillos Centenario no lucían precisamente un talle avispa. Iban enfundadas en anchos y fruncidos uniformes claros, de escotes cuadrados ribeteados en cinta azul y mangas largas y anchas. Desaparecieron entonces las abundantes enaguas para nunca más aparecer, quedando sólo una que acompañaba el ajuste de la falda; los hombros se ampliaban con volados fruncidos desde donde partían las mangas largas y rectas.
En un número de Caras y Caretas del año 1908 la perfumería Nogués de Carlos Pellegrini al 559 publicita tantos rodetes como “jopos a S6, rulos a $4, trenzas y rizos a $4 y una corona de rulos a S4,50″; para poder comparar, en ese mismo año una falda en la liquidación de Gath y Chaves se podía comprar por $5. Aunque algunas mujeres preferían llevar cinco metros de género de 1,20 de ancho para que en el “Gran Taller de Plegados” de Paraguay 777 se los plisara, y poder usar de esa manera las conocidas “polleras Sol”, muchas otras preferían, hacia 1905, hacer más rectas sus faldas que, ya sin forrar, acompañaban chaquetas más largas y semi entalladas que las usadas con las faldas campana, dándoles un aspecto más masculino.
Al mismo tiempo el corsé, que desde comienzos de siglo había ido perdiendo posiciones, ya no ajusta tan rigurosamente. La cintura va recuperando lentamente su tamaño real y comienza a subir lentamente año a año, hasta que Madame Paquin se anima a colocarla debajo del pecho en sus trajes sastre, en una cíclica vuelta a la moda del Primer Imperio, estilo que va a adoptar inmediatamente Paul Poiret en sus vestidos. Las mujeres en Europa, durante esta época, después de usar durante años apretados corsés, comenzaban a mostrar una necesidad cada vez mayor de libertad en sus movimientos; sin embargo, todavía la moda tanto masculina como femenina se regía hacia 1910 por un verdadero programa de convenciones de vestimenta para cada ocasión que eran dictadas para los hombres por Gran Bretaña y para las mujeres por París.
Para poder descubrir las características más salientes de la ropa masculina de la época, resulta útil guiarse por las publicidades que muestran que, en general, desde el comienzo del siglo hasta aproximadamente el año 1950, las modas masculinas se van a mantener bastante uniformes, sin grandes cambios en cuanto a su diseño. Hacia 1910, la tradicional casa masculina James Smart, que había sido fundada por el escocés James Smart en 1888 y que funcionaba en la calle Florida esquina Bartolomé Mitre, publicitaba una elegante: camisa rayada de cuello y puños duros y blancos, que al ser postizos se cambiaban fácilmente. El saco ligeramente entallado dejaba ver un chaleco de 5 botones, ribeteado con trencilla oscura.
