Las formas y motivos decorativos son, al parecer necesarios para nuestro bienestar, tanto si los llevamos en nuestros vestidos como si vivimos con ellos Las personas se han decorado a sí mismas desde los tiempos más remotos, imitando los dibujos de escarabajos, serpientes y mariposas. Vale la pena fijarse en que la falta de decoración, la ausencia de motivos decorativos, van ligados tradicionalmente al luto, a la depresión, al desconsuelo. Un motivo decorativo es capaz de denotar origen o poder: el tartán significa inevitablemente escocés, la zaraza floreada se asocia con la grandeza británica. Algunos motivos se destinan tradicionalmente a acontecimientos rituales: las capas de ornamentado de encaje blanco hablan de pureza, modestia, esponsales; los ejecutantes de las maravillosas danzas folklóricas húngaras visten trajes profusamente bordados. y las novias hindúes llevan las manos pintadas con intrincados dibujos de alheña, que parecen encajes. En otro tiempo, hacer las cosas en casa formaba parte de la tradición familiar de todo el mundo. Uno hacía sus propios motivos decorativos. Ahora la producción ha dejado de ser doméstica y se ha hecho industrial, y la selección de los motivos decorativos es algo impersonal, distanciada de nuestra experiencia individual. El renacimiento del estarcido, el graneado, el jaspeado y de la pintura en las paredes nos ofrece la oportunidad de colmar nuestros deseos de idear nuestros propios motivos decorativos. Pero, por lo general, elegimos diseños ya hechos y nuestra facultad de elección se ve influida por lo que se nos ofrece y por el modo en que se nos vende. Las telas para tapicería con motivos ornamentales se empezaron a producir en gran escala a finales del siglo xvi, cuando los cilindros de cobre y las planchas de impresión hicieron posible la reproducción múltiple de bocetos y dibujos. Los primeros artistas anónimos que dibujaron estos motivos imitaban y embellecen dibujos orientales (mantos de Cachemira ricamente recamados, bordados turcos e indios) y hacían copias asimismo de grabados y pinturas de la época.
Ahora, como entonces, una gran parte de los estampados es una adaptación de otros más antiguos; la zaraza tradicional es un ejemplo evidente de ello. Los motivos decorativos en la ornamentación textil realizados en nuestro tiempo y para nuestro tiempo se debieron al esfuerzo de fabricantes innovadores, que en la posguerra llevaron a cabo una verdadera revolución, recurriendo al trabajo de pintores contemporáneos, y a las creaciones de un nuevo tipo de diseñadores textiles. Así los estampados empezaron a llevar motivos que merecían ser apreciados por sí mismos o ser admirados tal como eran, y no simplemente en los pliegues de una tela, como un detalle que se repite una y otra vez.
La gama de telas de que se dispone en la actualidad es muy amplia, pero cabe recordar que está limitada por las decisiones de los fabricantes. Por ejemplo, cuando eligen los dibujos de archivo que desean adaptar, los fabricantes están eligiendo por nosotros. Tienen tendencia a elegir motivos que inspiran ideas de opulencia, calma, ritmo y orden: motivos estilizados de la naturaleza, donde no acecha ningún lagarto, no zumba ningún insecto ni se cae ningún pétalo. Se supone que no deseamos que las mariposas u otros insectos se posen en nuestra ropa de cama, pero nos podemos permitir el contemplarlos en una forma no natural en las cortinas Por fortuna, en los primeros motivos florales la vida natural se reproducía con más realismo. La coordinación se ha hecho demasiado fácil, gracias a la comercialización de todo tipo de productos para el hogar que llevan el mismo diseño. Ello responde a la necesidad que sentimos de decorar las cosas, pero parece dar por sentado que repetir un mismo motivo en cada superficie es la solución ideal para la decoración, y que la misma coordinación es esencial. Sin embargo, el resultado final puede llegar a ser monótono y aburrido. No se debe subestimar el poder del motivo decorativo en la decoración de interiores. Un motivo dibujado con calor y coloreado armoniosamente es capaz de aportar calor y armonía, y puede dar ritmo, vigor, y un aire vital a una habitación. Los motivos decorativos dibujados con aspereza y colorea-dos sin sensibilidad pueden afectar tan negativamente como lo hacen ciertos colores.
Suelos
Los suelos son, literalmente, la base de la casa, tanto desde el punto de vista práctico como desde el estético. Son las superficies por donde usted, su familia, sus animales de compañía y sus invitados andan, donde se sientan y se tumban a descansar; sobre los suelos caen cosas y se vierten líquidos y por debajo de ellos corren cañerías y cables eléctricos. Al suelo se le exige que tenga propiedades de aislante térmico y acústico o bien que sea resistente al desgaste; cambiar un suelo suele ser caro. Otro aspecto igualmente importante del suelo es que sobre él descansan los muebles y muchos objetos. Dado que, en toda habitación, constituye una parte muy importante de la extensión superficial, su color y textura tendrán un efecto dominante sobre el esquema decorativo global. Así, los motivos decorativos grandes, los tonos oscuros y los rebordes hacen que una habitación parezca más pequeña; en cambio, los motivos pequeños, los colores claros y las superficies lisas aumentan la impresión del espacio. El tipo de suelo interviene así mismo de una manera importante en la configuración del carácter de la casa, tanto si se utiliza a modo de complemento de un estilo o de un período determinados, como si con él se desea un efecto de contraste. En resumen, pues, hay muchos argumentos a favor de considerar el suelo como el elemento que hay que tener en cuenta prioritariamente. Pero, incluso si ello no es posible, por razones prácticas, la elección del suelo merece ciertamente una cuidadosa consideración. Es preciso prestar mucha atención a los detalles (como la unión entre los diferentes tipos de pavimento y entre las paredes y el pavimento) y no descuidar la visión de conjunto: la transición de niveles o de habitaciones.
