La fantástica estética del artificio y el retorno a la naturaleza

Una vez levantada la prohibición, la industria de la estampación prosperó inmediatamente. Entre los muchos tcjidos estampados, el de Jouy llegó a ser especialmente apreciado. Christophe P. Oberkampf, creador de la fábrica de Jouy en el distrito de Versalles pudo aprovechar los convenientes avances tanto en el campo de la física como en el de la química. Gracias a la innovación tecnológica, desarrolló un nuevo sistema de estampación que sustituyó el antiguo método de estampación por reserva, y adoptó las más avanzadas técnicas inglesas. Los tejidos de algodón estampado se pusieron de moda no sólo para vestir sino también para la decoración de interiores; sus llamativos y refinados dibujos multicolores resultaban atractivos y su precio era más económico que los tejidos de seda. Durante el siglo XVIII surgieron fábricas de estampación por toda Europa. Al principio se limitaban a imitar la indiana, pero posteriormente realizaron avances tecnológicos como la invención del sistema de estampación con rodillo de cobre, que hizo posible la producción en masa de tejidos estampados. La popularidad de la tela de algodón durante esta época contribuyó a impulsar un cambio importante en la indumentaria, por lo que respecta al material más común: se pasó de la seda al algodón en el período revolucionario.

Los vestidos de las mujeres no eran tanto prendas de vestir como increíbles construcciones arquitectónicas hechas de tela. La refinada estética de la cultura rococó fue desapareciendo y de este modo su delicada ligereza fue reemplazada por las alargadas sombras de la Revolución. Los gigantescos peinados, las enormes pelucas y los atrevidos tocados de este período no hacían más que amplificar la oscuridad de esas sombras. Los peinados solían ser lo suficientemente grandes como para contener reproducciones de carrozas, paisajes, arroyos, cestas de fruta y todo tipo de elementos fantasiosos. Para poder vestir a la moda, los coiffeurs (peluqueros) tenían que diseñar, construir y llevar a cabo esos extraordinarios peinados. Entre ellas estaban Le Journal du Goût (1768-1700), Le Cabinet des Modes (1785-1786) y La Galerie des Modes et du Costume Français (1778-1788). En las últimas décadas del siglo XIX con la ayuda de una tecnología más avanzada de impresión y el desarrollo del sistema de entrega por ferrocarril, las revistas de moda se convirtieron en un vehículo aún más importante para la instauración de tendencias y en un buen medio para que los árbitros de la moda parisina difundieran sus creaciones.

En marcado contraste con la extravagancia de la indumentaria de la corte, las prendas de vestir comunes tendían a ser sencillas y cómodas. La excavación de las antiguas ruinas romanas de Herculano en 1738 dio un fuerte impulso al naciente estilo neoclásico, basado en el culto a la antigüedad. Al incorporar el concepto de Jean-Jacques Rousscau del “retorno a la natural, este inicies por las antiguas Grecia y Roma se convirtió en un punto crucial para los cambiantes ideales de la sociedad europea. Fue un concepto que llegó a dominar el mundo de las artes y el estilo de vida general de los europeos desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta principios del XIX. Para escapar de los rigores de la vida de la corte, la joven reina empezó a vestir con un sencillo vestido de algodón y un gran sombrero de paja, y jugaba a ser una pastorcilla en el Hameau de la Reine del Petit Trianon de Versalles. No es pues sorprendente que la reina adoptara también una sencilla camisa de muselina blanca, un estilo que por el año 1775 se empezó a conocer como la chemise à la reine. El uso generalizado de algodón suministrado por la East Indian Company fue uno de los principales acicates de la Revolución Industrial, especialmente en lo que se refiere a la industria textil. 

El corsé y los guardainfantes

A lo largo de todo el siglo XVIII, la silueta de la mujer fue moldeada por las prendas de ropa interior, como el corsé y el guardainfante. En la época rococó la parte superior del corsé fue bajando hasta dejar el pecho parcialmente al descubierto. El corsé ya no comprimía todo el torso, sino que más bien hacía subir el pecho, que asomaba entre un delicado remate de encaje en la parte del escote. La forma antigua del guardainfante era acampanada, pero a medida que las faldas se fueron ensanchando (hacia la mitad del siglo XVIII), se fue modificando y se dividió en dos mitades, a derecha e izquierda de la falda. En la corte, el guardainfante ancho finalmente se convirtió en clemente obligatorio de la indumentaria. Las prendas tan complejas como ésta normalmente eran fabricadas por hombres. Durante la época medieval se había establecido en Francia un gremio de sastres y, desde entonces, cada especialidad dentro de la profesión quedó estrictamente regulada.