Estilos característicos de 1960 a 1976

En una época dominada por la “anarquía creativa”, según la revista Vogue, las argentinas, siempre privilegiando más el elegir coherente y afrentosamente la ropa que la verdadera creatividad, usaron y abusaron a partir de 1962 y por cuatro años de los clásicos tailleurs Chanel, por supuesto copiados con gran fidelidad por las casas de alta costura (que llegaban a pespuntear los forros de seda como los auténticos) hasta la sencilla modista de barrio que ya había comenzado a desaparecer. Al mismo tiempo que los clásicos tailleurs Chanel, se usaron en 1965 los vestidos negros y colorados encima de las rodillas adheridos al cuerpo, con cuellos al ras y sin mangas, acompañados por sacos cortos ligeramente entallados, con adornos de piel en los puños.

En general los vestidos del 60 recreaban la línea “Charleston” y Directorio de los años 20 (después de dos ciclos, de veinte años cada uno), con importantes recortes, talle alto, con botones importantes y bolsillos aplicados muy bajos en las faldas. Para la noche, mucho brillo, con telas laminadas de hechuras simples. Estos vestidos minifalda que rápidamente llegaron a Buenos Aires destacaban las piernas, que se cubrían con medias de colores, laminadas, caladas y de encajes, desapareciendo las medias con ligas y con portaligas que hasta entonces se llevaban. Se publicitaban las “medias slip” que combinaban dos prendas en una: medias y slip, evitando por las faldas tan cortas que se asomaran las ligas y portaligas. Ya se habían abandonado los grandes peinados batidos que habían comenzado a usarse en 1959. Los nuevos peinados podían ser cortos con flequillos, o largos recogidos en trenzas y forzadas, pero la consigna era: lacio. La mujer abandonaba por primera vez, bajo el hechizo de Brigitte Bardot, los ondulados naturales que habían sido símbolo de femineidad durante siglos.

Si tuviéramos que citar una de las características más acentuadas de los arreglos de la época, nos inclinaríamos por el maquillaje, porque, así como los años 70 se caracterizaron por el uso de los perfumes y los 80 por el uso de las cremas, los 60 acentuaron el uso del maquillaje. Sobre todo, se resaltaban los ojos con un intenso delineado que se completaba con pestañas aplicadas en grupos de a tres. En los labios y uñas, colores claros y nacarados. Pero no sólo las pestañas eran artificiales; en la segunda mitad de la década aparecieron en Buenos Aires las pelucas de pelo sintético y natural, impuestas en Francia por Carita. Los peinados tenían como base un corte cuadrado con las puntas hacia adentro o eran muy cortos, con la nuca rebajada y más largo hacia adelante; se adornaban con vinchas que descubrían la frente y moños que revalorizaban los rodetes. Hacia mediados de la década se produce la evolución desde “la elegancia Chanel” a la moda pop que rechaza en forma categórica validez de lo establecido. Desde entonces, comienza el frenético ritmo de sucesivos cambios de estilos (minifaldas, hindú, marroquí, gaucholook, maxifaldas), un verdadero calcidoscopio de búsqueda de estilos autóctonos de los diferentes países.

En 1967, las argentinas recibieron asombradas los primeros vestidos y conjuntos de papel de fibra sintética que Jorge Toubet importaba desde los Estados Unidos. Estas prendas “desechables” que nos indicaban un importante viraje en la filosofía de la moda, podían lcgar a lavarse hasta diez veces y costaban alrededor de S1000. Ese mismo año, para acentuar el desconcierto, se sienten impactadas por el refinamiento de Emilio Pucci con sus vestidos de orgánica (una especie de jersey) teñidos en colores impactantes. En una modalidad muy común años más tarde, los vestidos llevan su firma estampada. Empezaba una nueva época, donde se afirmaba el nivel social utilizando determinadas marcas que debían llevarse a la vista. En ese mismo año se usan los piyamas para la tarde en jersey y, para la noche, en géneros brillantes y luminosos. Mucho tricot, que se producía incluso en las casas particulares con las máquinas de tejer que se hicieron muy populares en la época. Se impone el lúrex. Las hechuras simples y el largo de las faldas que, como vimos, permitía destacar las medias, que ese año también se llevaron en mallas negras bordadas en piedras, ayudaban a resaltar los géneros íntegramente bordados.

En cuanto a los tapados, podemos encontrar la influencia del cine en la moda en los abrigos de lana blanca con presillas de cuero adornadas con soutache y bandas de visón negro en ruedos y cuellos. Las botas altas de cuero completaban los conjuntos al estilo “doctor Zhivago”. El adorno con piel en puños y cuellos era una característica de los tapados de la década, cuya hechura ligeramente apoyada y entallada en el cuerpo se acompañaba con mangas angostas y pegadas. Sumamente cortos, algunos podían tener cerradura asimétrica, otros se presentaban con una combinación bicolor que repetía los tonos del vestido. Estos se acompañaban con zapatos cómodos de grueso tacón y carteras de gamuzón marrón.