Películas y moda han ido de la mano desde los inicios del cine. La moda es un medio idóneo para los cineastas: les permite transmitir con fuerza identidades y sugerir o recrear entornos sociales. En cuanto a las películas, las secuencias y los planos están cargados de contenido emocional cuyo lenguaje es un perfecto escenario para la moda. Además, es un medio potente que llega a un público amplio, y que ofrece a la industria de la moda una plataforma ventajosa para vender sus productos.

La británica Lucile, considerada la artífice y propagadora del look it girl, fue la primera disenadora consolidada que se aventuró en el cine. Lo hizo en 1916 y pronto la imitaron Elsa Schiaparelli y Chanel. No obstante, la alianza más famosa, por su perfecto equilibrio entre estilo, glamour y elegancia, es la de H de Givenchy con Audrey Hepburn, La penalidad del diseñador se plasmó en piel como Sabrina, Una cara con ángely Desayu con diamantes, influyentes obras de referir en la moda que marcaron tendencia en todo el mundo e hicieron que millones de mujeres: copiaran la imagen de la actriz. Inicialmente considerada ropa de trabajo, a humilde camiseta blanca y los jeans se convinieron en otro conjunto de cine; su éxito y longevidad pueden atribuirse al protagonista de Rebelde sin causa, James Dean. Hoy en día este look se ha convertido en un clásico, adoptado tanto por hombres como por mujeres, y muchos diseñadores lo han reinterpretado a su manera. 

Más recientemente esta relación ha engendrado un nuevo género cinematográfico. A margen de las películas comerciales, como diablo viste de Prada, hay marcas más jóvenes y vanguardistas que colaboran con video artistas para escribir, producir y dirigir sus propios filmes de cine arte. Entre ellos se incluyen La asesr na de la oficina, de Cindy Sherman; Fashiona tion,de Rubén Toledo; Dresscode: Tenue de cocktail, de Sergei Pescei y Patricia Canino Chapels Bernard Willhelm, de Diane Pernet,y The Bridegroom Stripped Bare, de Alexander McQueen. Este tipo de obras se proyecta en festivales y exposiciones que ponen en evidencia el nuevo vínculo artístico e intelectual entre la moda y el cine.

Revistas de moda

El papel cuché forma parte integral de la industria de la moda: ayuda a publicitar las tendencias, a vender productos de moda y de belleza, y a promocionar marcas y diseñadores. En la industria de la prensa especializada mandan las editoriales; el diseñador de moda tiene poco margen de intervención. El éxito de una colección depende del grado de cobertura que el director de la revista quiera darle. Si se consigue dar buena impresión a los directivos adecuados, el éxito puede estar garantizado de un día para otro, hasta el punto de que un diseñador desconocido puede dejar de serlo; sin embargo, si la colección no convence, la calda puede precipitarse.

Revistas como Vogue o Harper’s Bazaar son los buques insignia y se han mantenido en cabeza mientras otras aparecían y desaparecían del mapa. Vogue nació en 1892 y desde sus inicios se ha situado en la primera línea de la prensa especializada en moda. Fue la primera en publicar bocetos y diseños: en las décadas de 1910 y 1920 los destacados artistas e ilustradores Paul Iribe, Erté y Barbier eran el no va más. Asimismo, el teatro, el interiorismo y las artes decorativas eran fuente de inspiración de un género que contribuía a idealizar un mundo impregnado de moda. A medida que la fotografía fue ganando terreno, Vogue y otras revistas tuvieron a su disposición una forma de comunicar más sofisticada, con un mayor alcance social y cultural.

Rompieron con la estética que cultivaba el periodismo de moda hasta aquel momento y adoptaron un estilo alternativo, atrevido y underground. Con unos contenidos híbridos aparte de moda incluían música, baile, política y cine ofrecían una versión más cotidiana de la moda, que contrastaba con los refinados reportajes ilustrados de las revistas comerciales. Publicaciones semanales como Grazia también tuvieron y siguen teniendo un gran impacto. Su apuesta: difusión masiva destinada a un público amplio, con gran protagonismo de los famosos y con presentaciones vistosas. Junto con cotilleos sobre la vida de las celebrities, los reportajes centrales se centran en cómo conseguir una imagen de diseño a precios asequibles. Revistas de este tipo, económicas e intelectualmente accesibles, han logrado calar en el mercado. La industria de la prensa especializada es muy competitiva, ya que las revistas dependen de los ingresos por publicidad, que empezaron a disminuir a partir de 2000, a raíz del declive originado por la globalización. En estos momentos a muchas revistas les cuesta cada vez más sobrevivir y mantener la rentabilidad. A esto cabe añadir el éxito de las publicaciones digitales y de los sitios web, cuya dura competencia pone a prueba su supervivencia.