La moda transferible de país en país

Dotados de los modelos y las fichas de referencia que les proporcionaban las indicaciones necesarias para la reproducción de los vestidos, los confeccionistas a excepción de los franceses, que no tenían acceso inmediato a las novedades de la temporada por razones evidentes de exclusividad podrán reproducir, simplificándolas, las creaciones parisinas. Muy rápidamente, en pocas semanas, la clientela extranjera podía vestirse al último grito de la Alta Costura a precios accesibles, incluso muy bajos según la categoría de confección. Ya a finales del Antiguo Régimen, la moda adquirió un ritmo desenfrenado, casi como el actual. Pero esa velocidad fue hasta entonces aleatoria, impulsada de forma dispersa por tal o cual árbitro variable dela elegancia. 

París dicta la moda: con la hegemonía de la Alta Costura aparece una moda híper centralizada, elaborada por entero en Paris y al mismo tiempo internacional, que es seguida por todas las mujeres up to date del mundo. Fenómeno que tiene concordancias con el arte moderno y sus pioneros, concentrados en Paris y ordenando un estilo expurgado de caracteres nacionales. El hecho no es absolutamente nuevo: a partir del siglo XVII, Francia se impuso cada vez más como faro de la moda en Europa, y la práctica de las «muñecas de moda》, esas primeras embajadoras de la moda, que llega a ser corriente en el siglo XVIII, revela a un tiempo la tendencia a la unificación de la indumentaria europea y el polo de atracción de París. Por el contrario, la Alta Costura, secundada por la confección, permitió a la moda desprenderse de la impronta nacional no subsistiendo más que el modelo y su copia en serie, idéntica en todos los países. La moda moderna, bajo la lujosa autoridad de la Alta Costura, apareció como la primera manifestación de un consumo de masas; homogénea, estandarizada, indiferente a las fronteras. Bajo la égida parisina de la Alta Costura tuvo lugar una uniformización mundial de la moda, homogeneización en el espacio que tuvo como correspondía a una diversificación en el tiempo vinculada a los ciclos regulares de lis colecciones de temporada Centralización, Internacionalización y, paralelamente, democratización de la moda 

El desarrollo de la confección industrial por una parte las comunicaciones de masa por otra, así como la dinámica de los estilos de vida y de los valores modernos, supusieron por solamente la desaparición de los múltiples trajes regionales y folklóricos también la actuación de las diferencias heterogéneas en la indumentaria de las diferentes clases, en beneficio de mis acordes con los gustos en vigor, para capas sociales cada vez más amplias. El fenómeno más destacable es que la Alta Costura, industria de lujo por excelencia, contribuyó a ordenar esa democratización del modo A partir de 1920, con la simplificación del vestido femenino de la que Chanel es de alguna manera el símbolo, inaccesible puesto que es más fácilmente imitable: ineluctablemente se reducen las diferencias de aspecto. Desde cl momento en que la ostentación del lujo se convirtió en signo de mal gusto y la verdadera elegancia requirió discreción y ausencia dc pompa, la moda femenina entró en la era de la apariencia democrática 

He aquí el Ford firmado por Chanel, concluían en 1926 en edición americana de Vogue refiriendo a un vestido negro, austero, de manga larga. Chanel vestirá a las mujeres del gran mundo con trajes sastre de punto, con pullover gris, negro o beige. Patou creará jerséis de motivos geométricos y faldas rectas plisadas. En lo sucesivo lo chic es no parecer rico. Lo que para los hombres se manifiesta en el siglo XIX con la estética de Brummell, gana de otro modo el universo femenino; la exhibición deslumbrante se eclipsa en beneficio de la estética democrática de la pureza, la sobriedad y la comodidad. En lo más profundo de la revolución indumentaria femenina del siglo XX, tomando el relevo de lado los hombres, se produce el hundimiento del universo «holista», el advenimiento de una sociedad dirigida por el ideal de la igualdad democrática.

Sin embargo, el proceso no se realizó sin cierta ambigüedad: cl lujo siguió siendo, con la condición de ser eufemizado, un valor irremplazable de gusto y refinamiento de clase, en el corazón de la Alta Costura. La democratización de la moda no significó uniformización o igualación de la apariencia; nuevos signos más sutiles f matizados, especialmente firmas, cortos, tejidos, continuaron asegurando las funciones de distinción y excelencia sociales. En democratización significó reducción de los signos de diferenciación social, moderación del principio aristocrático de la conspicuous consumption, paralelamente a esos nuevos criterios que son la esbeltez, la juventud, el sex-appeal, la comodidad, la discreción. La moda centenaria no eliminó los signos de rango social, los atenuó promoviendo referencias que valoraban más los atributos de tipo más personal como los referidos, esbeltez, juventud o sex-appeal.