STATUS POR ASOCIACIÓN: ÍDOLOS MUSICALES Y DEPORTIVOS

Aunque el lujo, el derroche, la incomodidad y la afrenta son los principales determinantes del status en el vestido, pueden operar también otros factores. El pensamiento mágico de tipo primitivo a veces hace que los estilos asociados con las personas de las que se dice que marcan la moda antiguamente, por lo común miembros de la aristocraciaasuman una aureola de prestigio. El peinado pompadour, que usó por primera vez Madame de Pompadour, la querida de Luis XV, lo adoptaron poco después damas refinadas de toda Europa que, por estricta que fuera su moral, gustaban de identificarse en su fantasía con la famosa cortesana. Hoy las modas a menudo las instauran individuos del tipo conocido como Personalidades, con mayúscula (para distinguirlas del resto de los mortales, meros puntos porcentuales en una escala de Nielsen). En unos pocos con la ropa estilo Kiss la modelización es tan completa que la mayo terminada moda simplemente indica que se viste a la moda. La ropa puede también adquirir prestigio por medio de la asociación con una actividad de alto status como la guerra (la trinchera, la chaqueta Eisenhower) o la exploración espacial (vinilo en tonos plateados, relojes calendario). Las indumentarias que se usan para los deportes de alta categoría siempre han tenido una marcada influencia sobre la moda. Un deporte de alta categoría, por definición, es el que requiere una gran cantidad de equipamiento de elevado precio o unas instalaciones caras o ambas cosas a la vez; idealmente, consumirá con gran rapidez bienes y servicios.

El golf, por ejemplo, exige el uso en exclusiva de muchas hectáreas de terrenos de gran valor, impidiendo así que se dediquen al cultivo, a la construcción de viviendas o al uso comercial; el campo de golf que se haga en estas tierras habrá que limpiarlo de hierbas, regarlo, segarlo y allanarlo constantemente con maquinaria de alto coste. Es un deporte que se juega con una colección de caros y especializados palos, tan numerosos y tan pesados que los tiene que llevar un caddie, o hay que transportarlos en un vehículo a gasolina; el juego adquiere prestigio adicional con la pérdida constante de las costosas pelotitas. Al fútbol americano, por otra parte, se puede jugar en cualquier solar y con un simple balón que rara vez se pierde. En consecuencia, la ropa que se suele usar para el golf se ha convertido en alta moda; la que se usa para el fútbol no. Tradicionalmente, los deportes más prestigiosos han sido aquellos caballos. Entre ellos se encuentra el polo, la equitación y sobre todo la deportes y el que ha tenido un efecto más decisivo sobre la ropa. [Consisten la persecución de un “animal incomestible”, con ayuda de una jauría, un gran número de caballos, damas y caballeros, muchos de ellos vestidos con una especie de uniforme, y una larga lista de desperfectos al final, todo lo cual sale excepcionalmente caro». Hoy la ropa ecuestre de todo tipo está rodeada de una aureola de status: abrigos con mucho vuelo y aberturas laterales que recuerdan vagamente a las chaquetas de montar; lustrosas botas de tacón alto; camisas y gorras de polo; pañuelos y corbatas decoradas con estampas ecuestres; broches y gemelos de oro con forma de aros equinos. Las personas que llevan este tipo de ropa nos están informando (con frecuencia verazmente) de que saben montar, y también (menos fiablemente) de que tienen un caballo propio, o de que se mueven en círculos donde es corriente poseerlo. 

A principios del siglo XX, cuando las diversiones de alto status eran el golf y la navegación de recreo, la ropa informal de hombre y de mujer eran una mezcolanza de pantalones bombachos, gorras de golf, jerseys de cuello de pico y calcetines a cuadros; de pantalones blancos de franela, blusas marineras, blazers azul marino y gorras… Cuando se pusieron de moda el tenis y el esquí hubo una epidemia de calcetines blancos y zapatillas de lona, camisas de punto de manga corta, jerseys gruesos, gorros de lana y guantes aislantes. Estas prendas no sólo se usaban cuando se practicaba el deporte en cuestión, sino en cualquier oportunidad imaginable; por ejemplo, había pijamas de marinero y pijamas de esquiador. Muchos de estos estilos deportivos se han convertido ya en señales de status tan populares que no se pueden tomar como signo de que quien los lleva sabe jugar al golf, navegar, esquiar o golpear una pelota de tenis; ni siquiera de que desee aprender. Por otra parte, el uso de insignias deportivas simbólicas (camisas estampadas con banderas de señales marítimas, por ejemplo, o broches con forma de raqueta de tenis) se puede considerar que indica un cierto grado de entusiasmo y quizás hasta de pericia. Hay también prendas simbólicas que confieren status porque llevan la insignia de prestigiosos clubes, escuelas, regimientos y otras instituciones similares. Aquí la regla es que realmente debes haber tenido relación con la organización cuyo distintivo portas. El hombre que lleva una camisa adornada con dibujos de herraduras y que no sabe montar a caballo resulta sencillamente patético; el del blazer estilo Oxford que nunca pasó por Oxford es un canalla o un timador. A juzgar por lo que se ve en los centros comerciales de muchas ciudades europeas, la mayoría de las camisetas de las universidades americanas se exportan en la actualidad al viejo continente. Esto puede deberse en parte a que en muchas de las universidades estadounidenses más sofisticadas hoy en día se considera infantil llevar tales prendas en el campus después del primer año, aunque son admisibles las que prestan los amigos íntimos de otras universidades. Por otra parte, las camisetas y chaquetas que llevan la insignia de algún equipo universitario del que se es miembro no sólo son admisibles, sino que tienen gran prestigio.