Figuras masculinas en el arte

De todas las figuras masculinas de piedra sólo hay una que lleva barba. Es ésta una cabeza de tamaño superior al natural, con busto de basalto, que se encuentra en la Villa Ludovisi. Su barba tiene forma de ladrillo y es completamente plana, y los rizos están aludidos mediante curvas paralelas. Las manos tienen la misma forma que las de aquellas personas que, sin tenerlas mal hechas, las han descuidado o dejado que se deformen. Los pies se distinguen de los de las figuras griegas en que son más planos y anchos, y en que sus dedos, completamente planos, muestran un leve declive en su longitud y, como los dedos de las manos, no reproducen las articulaciones. Los dedos pequeños de los pies tampoco están curvados hacia dentro, como en las estatuas griegas. Los pies de Memnón no estaban, pues, formados tal como los hizo dibujar Pococke. Es cierto que los niños egipcios iban descalzos y, por lo tanto, sus dedos no sufrían ninguna presión, pero la antedicha forma de los pies no es consecuencia de caminar con los pies desnudos, sino que debe verse también como una conservación de las formas de las primeras esculturas. Las uñas están sólo aludidas con hendiduras angulares, sin la menor curvatura o convexidad.

En las estatuas egipcias del Campidoglio que han conservado los pies, éstos son de diferente longitud, como en el Apolo de Belvedere. En una de estas estatuas, cuyo pie derecho soporta su peso, éste es unas tres pulgadas de un palmo romano más largo que el otro. Pero esta diferencia entre ambos pies tiene su razón: se quería dar al pie que soporta el peso y se sitúa más atrasado todo lo que parece perder al quedarse atrás. El ombligo es, tanto en los hombres como en las mujeres, exageradamente hondo y hueco. Aquí repetiré lo que ya sostuve en el prólogo: que no podemos juzgar por los grabados, pues en las figuras egipcias de Boissard, Kircher, Montfaucon y otros no se halla ninguna de las características del estilo egipcio que aquí citamos. Además, hay que observar cuidadosamente lo que de las estatuas egipcias es en verdad antiguo y lo que es restauración. La parte inferior del rostro de la supuesta Isis del Campidoglio (la única de las cuatro estatuas más grandes de aquel lugar que es de granito negro) no es antigua, sino añadida. Hago esta indicación porque pocos saben esto o lo pueden descubrir. También las piernas y los brazos de esta estatua y de otras dos de granito rojo han sido restaurados. Una estatua femenina sentada del Palacio Barberini, que, al igual que otra figura masculina en Kircher, sostiene ante sí un pequeño Anubis en una caja, tiene cabeza nueva.

En esta parte dedicada al dibujo del desnudo, sería oportuno añadir algo que habría que decir, para enseñanza de aquellos que estudian el arte, sobre el particular diseño de las figuras divinas por los egipcios y la representación sensible de sus cualidades y funciones. Pero son tantos los que han tratado de esto, que me limitaré a hacer algunas observaciones. Poco se ha conservado de las estatuas de aquellas divinidades a las que se daba la cabeza de uno de los animales que veneraban los egipcios. En el Palacio Barberini se encuentra una de estas estatuas, antes mencionada, de tamaño natural y con cabeza de gavilán, que representa a Osiris; otra estatua de igual tamaño y con una cabeza que tiene algo de león, de gato y de perro, se encuentra en la Villa Albani; y en esta misma villa hay una pequeña figura sedente con cabeza de perro; las tres son de granito negruzco. La cabeza de la segunda figura está cubierta en su parte posterior por la común toca egipcia, de muchos pliegues, redondeada por delante y cayendo por detrás unos dos palmos sobre los hombros. Sobre la cabeza se alza perpendicular el llamado limbus, aquí de más de un palmo. Con este limbus se representaron más tarde las imágenes de los dioses, los emperadores y los santos. A quienes, como Warburton, sostienen que las figuras divinas de este tipo son más recientes que las figuras puramente humanas, podemos asegurarles que las citadas figuras parecen igual de antiguas, si no más, que las de mayor antigüedad del Campidoglio cuya forma humana no ha sido modificada. El Anubis de mármol negro del Campidoglio no es obra del arte egipcio, sino que se hizo en tiempos del emperador Adriano. Estrabón y no Diodoro, como dijo Pococke, habla de un templo de Tebas en cuyo interior no había figuras humanas, sino sólo animales, y Pococke dice haber observado esto mismo en otros templos allí conservados. Mientras tanto, se están hallando más figuras egipcias que, por los atributos que las acompañan, parecen divinidades y cuya forma es completamente humana, que las representadas con cabeza de animal, como lo demuestra, entre otras, la de la famosa Tabla Istaca, conservada en el Museo del Rey de Cerdena en Turin. En ningún antiguo monumento de este pueblo se encuentra una Isis con cuernos en la cabeza. Sin embargo, las figuras femeninas del Campidoglio bien podrían representar a esta diosa. Sacerdotisas suyas no pueden ser, ya que en Egipto ninguna mujer ostentaba este cargo. Las figuras masculinas de este mismo lugar pueden ser también sumos sacerdotes de Tebas, donde se encontraban todos ellos. De las alas de las divinidades egipcias hablaremos en el tercer apartado de esta segunda parte.