EL RETORNO DEL SOMBRERO, EL ESTILO VAQUERO Y EL PANUELO

En los años sesenta y setenta la extinción del sombrero simbólico parecía casi tan cierta como la de la paloma migratoria. No obstante, la creciente popularidad de los sombreros de vaquero entre quienes especialmente de Texas, llevan un tipo u otro de sombrero del Oeste, y lo mismo ocurre con muchas mujeres. El sombrero de vaquero, originariamente elemento componente de la ropa práctica de faena de los hombres que tenían que recorrer a caballo largas distancias en un clima hostil, se fue cargando a lo largo del siglo pasado de significado simbólico. Básicamente sugiere dureza e independencia, pero este mensaje tiene muchas sutiles variaciones posibles, dependiendo entre otras cosas del color y la forma del sombrero y de sus adornos. La convención hollywoodiense Sombrero Blanco=Bueno, Sombrero Negro = Malo aún funciona: los hombres que desean aparecer como personajes rebeldes o desesperados prefieren los colores más oscuros y las personas de orden los más claros. Los tipos de persona ambiguas, sutiles o reservadas pueden preferirlos tonos grisáceos, mientras que los tostados y marrones que reproducen los colores del paisaje del Oeste los llevan (o se cree que los llevan) los hombres naturales y realistas. Las cintas de cuero liso de los sombreros, sin lugar a dudas debido al principio de la magia por contagio, sugieren la vida sencilla y la energía física del animal a la que una vez perteneció el cuero; las cintas caras labradas a mano y los adornos de plata y plumas implican un estilo de vida ambicioso y una abultada cuenta corriente. La forma del sombrero del Oeste es también una forma de comunicación. En general, cuanto más alta es la copa, más alta es la autoestima de quien lo lleva; cuanto más ancha es el ala, más estrecha es su conexión con las realidades de la vida al aire libre en las llanuras del Oeste, donde resguardarse del sol, la lluvia y el polvo son cuestiones de vital importancia. En los últimos años los sombreros del Oeste han comenzado a multiplicarse fuera del Salvaje Oeste. Actualmente se venden en Nueva York y en Londres, aunque quienes pueden permitirse pagar sus precios (entre ellos Bob Dylan y el rey de Suecia) aún los encargan a Texas Hatters de Houston. A veces el mensaje que transmiten estos sombreros es una mera cuestión de sofisticación, pero con frecuencia, especialmente cuando forman parte de un conjunto del Oeste completo o parcial, se pueden leer como una guía para descubrir el carácter y la posición social de quien los lleva. 

Entretanto, el sombrero utilitario se está haciendo cada vez más aceptable, especialmente entre los hombres, cuyo cabello relativamente corto y cuya propensión a la calvicie los hacen vulnerables a los rigores del clima. Los gorros de lana aún se consideran vulgares si quien los lleva tiene más de dieciocho años, pero ya hay alternativas más respetables, algunas de las cuales han comenzado a asumir significados simbólicos tapar las orejas los días de mucho frío está asociado con los hombres Está también el sombrero irlandés flexible de tweed, ampliamente anunciado como un sombrero favorecedor para ambos sexos: en realidad no favorece a ninguno, pero tiene la ventaja de que no hay ningún tipo de precipitación acuosa que pueda darle un aspecto peor que el que ya tiene. En el campo este sombrero es bastante respetable; en la ciudad, sin embargo, quien lo lleva da la impresión de pertenecer a una aristocracia rural difícil de distinguir del campesinado. La gorra plana de lana que tradicionalmente se llevaba antes para practicar el golf, el tiro y otros muchos deportes es otro posible sombrero utilitario, y actualmente quizá el más popular. En zonas rurales o suburbanas puede dar un cierto estilo y gracia a la indumentaria. Sin embargo, al hombre que lleva en la ciudad una gorra de este tipo, se lo califica automáticamente un punto por debajo de la posición social que revela el resto de su vestimenta, y puede que incluso sea sospechoso de poseer una finca en las afueras de la ciudad que haya bautizado con el nombre de Pinos Altos o El Reservado. Las mujeres a las que les gusta parecer marimachos o caballeros llevan algún tipo de sombrero utilitario, aunque normalmente no por razones puramente utilitarias. Más a menudo, cuando hace mal tiempo, se protegen la cabeza con pañuelos, y aquí tienen un amplio vocabulario de posibilidades expresivas. El tejido de que esté hecho el pañuelo puede tener relación con la temperatura de la calle, o puede ser un indicador de clase: a la lana se la considera aristocrática, a la gasa, propia de nuevos ricos, a la seda, distintiva de clase media alta, al algodón, de clase media o de personas creativas y los tejidos sintéticos son propios de clase obrera. Otra consideración importante es la forma de atarse el pañuelo, ya sea convencionalmente bajo la barbilla, exóticamente en la nuca, o en lo alto de la cabeza a modo de turbante o en plan asistenta. Pero probablemente lo más significativo sea el color (si lo tiene) del estampado del pañuelo, que, como el color y el estampado en general, transmiten una amplia variedad de sutiles e importantes mensajes personales.