Inglaterra comienza a liderar la moda masculina

Cuando Inglaterra comienza a liderar la moda masculina, guiada por el dandismo de George “Beau” Brummel (1778-1840, árbitro de elegancia y compañero de fiestas del futuro Jorge iv de Inglaterra), dejándole a Francia el liderazgo de la moda femenina. ¿El dandismo, dice Honoré de Balzac, “es una afectación de la moda”, a tal punto que “haciéndose dandi, un hombre se convierte en un mueble de boudoir, en un maniquí extremadamente ingenioso que puede posar sobre un caballo o sobre un canapé… pero en un ser pensante? Jamás”.” El dandi contribuye poco a poco a la transformación de la moda masculina, sentando las bases del estilo del traje masculino que se llevará durante todo el siglo xix y parte del siglo XX. Catorce años después de la miniatura que pintaba a la señora de Ibarrola con un traje anterior a la Revolución Francesa, encontramos en el Río de la Plata la primera muestra de un traje estilo imperio llevado por María E. de Demaría en una miniatura que Camponesqui realizó en 1808. En ella puede vérsela con un vestido rosado de muselina rayada de la India, de talle alto y, en el peinado levantado, hileras de perlas que también adornan su cuello. El “estilo de la simplicidad” había aparecido ya en París en 1778-1779 en una réplica de los vestidos y camisas criollos de las damas francesas en América. Cruza definitivamente de Inglaterra a Francia en 1786, acercándose más a una imitación de los estilos clásicos grecorromanos, que presentaban vestidos de colores muy claros, de muselina transparente, linón y seda, en forma de vaina, que se usaban tanto en verano como en invierno.

La especial combinación del estilo francés con mantillas, que puede parecernos único en las porteñas, usado profusamente en la época del gran auge de las tertulias, era una moda importada de España. En un óleo de Goya de 1812, Majas al balcón, vemos el estilo imperio con mangas largas y mantilla, sin peinetón, tal como lo llevaron las porteñas. Numerosos son los testimonios iconográficos que documentan esta moda. Si tomamos como ejemplo la aguatinta coloreada de Vidal en el atrio de la iglesia de Santo Domingo, del año 1820, vemos mujeres vestidas a la moda con los talles altos, mantillas y angostas faldas terminadas en volados. Estos en los ruedos de las faldas, que habían hecho su aparición en París en 1815, tardaron poco tiempo en difundirse en el Río de la Plata. Vemos los mismos talles altos en colores pastel con enaguas que asoman bajo los ruedos, pañuelos en la cabeza y chales con caída en Plaza del mercado, un aguafuerte del mismo autor que pinta en 1825 mujeres del pueblo, dejándonos la impresión de la estabilidad de la moda en esos años, como también de las escasas diferencias sociales en las vestimentas.

Hacia principios de siglo, había vuelto a ponerse de moda un gran cuadrado plegado en diagonal que se enrollaba alrededor del cuello anudándose con un pequeño lazo. El “Beau” Brummel debía su celebridad a la manera especial en que se colocaba la corbata, mostrando la preocupación de los dandis en el momento en que la moda masculina imponía un corte impecable y centraba en los accesorios toda su atención. El refinamiento se vislumbraba en las célebres tertulias de Mariquita Sánchez de Thompson y de Mendeville, y de Joaquina Izquierdo, cuyo salón le seguía en importancia. En estos tiempos, la mujer comenzaba, con lentitud, a interesarse por la cosa pública, alentada por Bernardino Rivadavia, quien, deslumbrado en París por el “mundo femenino”, había fundado a su regreso la Sociedad de Beneficencia. Probablemente, el germen de esta institución fuera “la bellísima y la inteligentísima Madame Recamier y Madame de Staël, que manejaban el gusto y el Estado a través de los hombres”. A partir de 1820, la aparición de los esperados “figurines de moda’ dinamizó el sector en el Río de la Plata, acortando las distancias geográficas. Aunque tardaron varios años en llegar regularmente a Buenos Aires, estas primeras publicaciones francesas (el Mercure Galante en 1772 y el Mercure de France en 1792), sumadas a la llegada de modistas francesas, permitieron reducir el tiempo de aparición de las modas en nuestro país. Es así como la información acerca del uso de los tejidos de lana en los vestidos femeninos, las boas de plumas y la novedad de los trajes de novia, que surgen hacia 1828 en Europa, llega rápidamente a la ciudad, grandes dificultades para rastrear la moda de la época es la desaparición Buenos Aires se conserva tal vez en uno de los primeros vestidos de Remeding. La prenda es de linón bordado en punto beauvais, con trabajo de pequeñas lentejuelas doradas recamando el bordado; el escote es redondo, y las mangas cortas tienen forma de globo. Del talle no demasiado alto parte una falda, que reúne los frunces en la delantera, y se ven en el ruedo los pesos que les colocaban para que no se levantaran al caminar. Es posible que la confección del vestido haya sido cercana a la muerte de su dueña, el 3 de agosto de 1823, ya que los talles altos fueron lentamente bajando y buscando su lugar natural hacia 1825. Esta moda comenzó a eclipsarse en 1827, lo que acompañó el comienzo del fin de una importante etapa histórica argentina.