Los muros se encuentran a veces en tal mal estado que ni el rejuntado los puede salvar. Si hay grandes superficies con los ladrillos astillados, la única solución puede ser revocar las paredes, aunque no es necesario hacerlo en todas las de la casa. Hay un sistema tradicional, que consiste en revocar sólo la parte inferior de los muros, y al nivel de la planta baja y los sótanos; con esto no sólo se da vida a una casa de aspecto apagado y se consigue que un edificio estrecho parezca más ancho, sino que, según el color con que se pinte, aumenta la luminosidad de los mismos. Otra ventaja es que el revoque es de conservación relativamente fácil.
Por regla general, los muros extensores de una casa se decoran con objeto de mejorar el aspecto de la finca o asegurar su protección contra la interpone, Sin embargo, antes de dar el primer paso conviene comprobar que los muros se encuentran en buen estado. Las pinturas se aplican hoy de manera mucho más sencilla y duran más que las empleadas en el pasado. Sin embargo. hay que renovarlas cada siete años, aproximadamente, y por ello vale la pena tener en cuenta otras soluciones posibles para el exterior de una casa. En lugar de intentar dar vida con la pintura a unos muros feos, construidos con materiales naturales, puede ser preferible quizá dedicarse a las ventanas, puertas y otros elementos arquitectónicos, desviando así la atención de la superficie de los muros. O bien, si quiere solucionar el problema que plantea un trozo de obra de ladrillo chillón, que no mejora con el tiempo, ocultarlo con enredaderas. Utilice para ello especies perennes, como, por ejemplo, Lonicera halliana, Clematis amandii, e Hydrangea integerrima. Puede dejar que las plantas trepan libremente o colocar espalderas, con objeto de lograr un efecto más regular o cambiar el equilibrio del edificio. Las espalderas ya constituyen por sí mismas un excelente sistema de ocultación; los franceses las saben utilizar con mucha gracia.
Ladrillo y piedra
Si es necesario rejuntar una pared de fábrica de ladrillo o piedra, compruebe que la mezcla del mortero es la correcta, tanto en el color como en la consistencia. A menos que se siga un estilo local como, por ejemplo, utilizar ladrillos de dos colores, formando dibujos, en los muros importa más la textura que el dibujo. Suele dar mejor resultado el mortero de un color parecido al del ladrillo o a la piedra; haga una prueba con una muestra en un sitio poco visible y déjela secar. Todos los morteros se vuelven grises con el tiempo.
Es posible revocar y pintar luego los muros o bien utilizar un revoque de color. Existe una amplia variedad de texturas, tanto en pinturas como en revoques. Los acabados lisos recogen menos la suciedad y el hollín que ensucian la superficie. Las texturas rugosas ayudan a disimular las superficies irregulares, aunque su efecto ha de ser regular, y conviene evitar la formación de ondas o espirales. Si se decide usted a pintar los ladrillos, asegúrese de que usa un acabado permeable, que deja escapar la humedad interna y al mismo tiempo protege la fachada. La humedad que queda debajo de las pinturas impermeables provoca ampollas y rajas, de tal modo que la capa de pintura acaba por desprenderse.
Recubrimientos
Hay otros métodos de decorar y proteger el exterior de la casa (entablados, tejas y placas de pizarra colgantes), que en un principio son más caros, pero que duran más. Tienen asimismo la ventaja de proporcionar un cierto grado de aislamiento. Estos revestimientos subraya la horizontalidad de las fachadas, de modo que la casa parece más ancha y baja. También sirven para disimular las desigualdades de las fachadas reformadas.
Según el tipo de madera, las tablas no necesitan pintura ni siquiera tratamiento con un conservante. Algunas, como las de olmo y cedro, adquieren un color muy agradable al envejecer. Los barnices no enmascaran el grano de la madera y existen tipos permeables a base de conservantes. Si se pinta la madera, es preferible usar pinturas de acabado permeable, cuya conservación es más fácil que las pinturas convencionales a base de aceite. Se trata de pinturas hechas a base de conservantes y de aspecto opaco, se parecen mucho a una pintura de aceite semi mate, pero como penetran en la fibra, la superficie pintada no se agrieta ni descascara. Simplemente se pulveriza con el paso del tiempo. Los recubrimientos con tejas colgantes y pizarra no necesitan un cuidado constante. Sin embargo, si se hacen mal pueden estropear una casa bonita con la misma facilidad con que pueden dar interés a una fea. Las tejas colgantes deberán hacer juego, en color y textura, con las que recubren el tejado. La pizarra sólo se utiliza para recubrimiento en las regiones donde abunda este material por lo que, a menos que resida en ellas, es mejor recurrir a las tejas.
A veces coexisten en una misma casa imitación de madera, revoques, hormigón de grava e incluso tejas colgantes y tablas; para dar un poco de homogeneidad al conjunto, se pueden dejar las tejas colgantes y el material de la obra de fábrica en su estado natural y pintar el resto con un mismo color.
Colores
Al elegir los colores tenga en cuenta la edad y el carácter de su casa, así como las tradiciones regionales, si existen. Para ensayar los distintos colores se pueden utilizar calcos del contorno de la casa tomados de una fotografía ampliada del alzado. En los muros exteriores de las casas se utiliza toda clase de colores: verdes chillones, azules brillantes, pardos oscuros, amarillos, rosas intensos, ocres, cremas, rosados suaves, etc. El color elegido tiene que estar en armonía con los alrededores de la casa. Si vive usted en un paraje oscuro o solitario o, sin duda, si quiere que su casa destaque, los colores claros reflectantes son los mejores. Los colores brillantes suelen dar buen resultado en los lugares soleados. Por otro lado, colores que combinan bien con el mar puede que no convengan en un entorno urbano de ladrillo gris o en medio de un paisaje agrario exuberante.
