Japón y su marca en la moda

Tras un largo período de aislamiento internacional, Japón abrió las puertas al resto del mundo y la promoción del comercio pasó a ser uno de sus principales intereses. Tras la apertura del puerto de Yokohama en 1859, la seda se convirtió en un importante artículo de exportación, sobre todo el tejido de alta calidad y elevado precio. Shiino Shobey, un comerciante de sedas de Yokohama, fue enviado a la Exposición Internacional de Viena del año 1873. Su investigación de mercado dio como resultado la producción de batas acolchadas para estar por casa confeccionadas con seda habutae (una fina seda japonesa). que lo encargara un residente extranjero en Japón, pero constituye un buen prototipo de un artículo de exportación que muestra el perfecto entendimiento del mercado europeo por parte de Shiino Shobey. Quedan algunos trazos de letras en la parte interior de la etiqueta, pero resultan ilegibles. El vestido de tarde era una elegante prenda de uso doméstico que se llevaba hasta la hora de la cena durante la segunda mitad del siglo XIX y hasta principios del XX. Esta prenda se podía llevar con el corsé menos apretado de lo normal. Algunas de las más famosas maisons parisinas crearon lujosos vestidos de rarde, adornados con puntillas y lazos. Este modelo de un vestido de tarde japonés muestra un estilo medieval mezclado con detalles de la moda del siglo XVIII, que experimentó un resurgimiento en el siglo posterior. Los crisantemos están bordados mediante una de las técnicas japonesas de bordado llamada nikuirinui. 

Estos abrigos de seda con bordado japonés son uno de los muchos productos aportados a Europa durante esta época. El cuerpo va adquiriendo una ligera forma acampanada hasta el bajo y el cuello también es curvilíneo. Aunque retiene la forma básica del kimono, ha sido adaptado cx profeso para el mercado europeo. Estas zapatillas con paisajes japoneses deben de ser recuerdos traídos de Japón o productos para ser exportados a Europa occidental, ya que en la suela se puede leer “made in Japan”. Las zapatillas, al igual que las batas y los abanicos, formaban parte de los artículos exportados a Europa occidental durante el siglo XIX. El broche del bolso es el típico motivo japonés de los tres monos, al estilo netsuke. El netsuke, con su intrincada técnica de diseño, fue una de las artes decorativas japonesas que más popularidad adquirió en Europa occidental, y en el siglo XIX rápidamente se convirtieron en artículos de coleccionista. 

Este modelo tiene una marcada, fluida y elegante curva en forma de “S”. El largo y suelto fleco da vida al vestido; esta vivacidad y los contornos y cualidad orgánica de la prenda son características típicas del Modernismo. El Modernismo valoraba los adornos elegantes bien perfilados. Los motivos de la naturaleza, como flores o insectos, eran de uso muy frecuente. A la izquierda, un vestido blanco muy popular en la época. Con los crecientes niveles de mecanización, fue posible utilizar mayores cantidades de encaje, junto con bordados y aplicaciones, para crear numerosos motivos vegetales. El vestido de la derecha lleva un motivo de uvas. Los racimos que cuelgan parecen comunicarse entre ellos y fluyen con la línea del vestido. En el siglo XIX mejoró el estatus social de la mujer, que empezó a tener más derechos legales, y con ello se amplió su abanico de actividades. El tiempo de ocio aumentó, el ferrocarril y otros medios de transporte mejoraron notablemente, y los deportes y los viajes se popularizaron. No existía ningún tipo de indumentaria deportiva, pero para las ocasiones especiales las mujeres desarrollaron un estilo más racional y práctico de vestir. Abajo, un vestido informal con muy pocos adornos. Éstos eran los nuevos estilos de la indumentaria femenina, resultado de las transformaciones internas de la sociedad. El conjunto de blusa y falda, en la fotografía inferior, era un atuendo importante inspirado en el traje chaqueta. El ilustrador americano Charles Dana Gibson (1867-I944) realizó atractivos dibujos de muchachas practicando deportes, que vestían faldas sencillas con blusas almidonadas. Comparado con la indumentaria aceptada de ornamentados vestidos, el atuendo de la moderna y dinámica “chica Gibson” creó un estilo natural y fresco. El tartán es un tejido a cuadros que surgió alrededor del siglo X en Escocia, donde los dibujos se utilizaban a manera de divisa o emblema para indicar la pertenencia a un clan o familia. La reina Victoria era muy aficionada a este tejido y ello parece que influyó especialmente para que los cuadros escoceses se pusieran de moda en el vestuario femenino.