La moda juvenil y sus referentes grupales

Los desequilibrios económicos de principios de la década del 70 con todo lo que ocasionó la recesión y desocupación género en los jóvenes de los países más desarrollados una diferente visión del mundo. En la década del 60 la rebeldía contra la sociedad de consumo se manifestó en una protesta y una afirmación de los ideales de construir un mundo mejor a través de la paz y el amor. A mediados de los 70 la consigna hippie: “la felicidad es posible” se desvanece y nace el “no hay futuro” de los punks, donde la esperanza se transforma en desesperanza y la iracundia en apatía. Imposibilitados de entrar en el sistema productivo por la recesión, quedan (después de cobrar sus cheques por desempleo) con suficiente tiempo libre como para dedicarse a la música y a la vestimenta, variables que les van a permitir la comunicación y la propia identificación a través de sus grupos de pertenencia.

La música, dice Enrique Gil Calvo, es “el más perfecto organizador del tiempo libre… por ello los jóvenes están siempre sedientos de música; cuando todo lo demás les falla, sólo la música puede reorganizar su exceso de tiempo”. Se multiplica la cantidad de grupos musicales que cultivan estéticas diferentes. El fenómeno del liderazgo rockero es evidente, ya sea desde las bandas de rock con discursos directos y lenguaje crudo, o desde las bandas pop con letras despojadas de connotación social, sin agresión, con música no transgresora que permite el no compromiso personal. La posibilidad de “ser” se da por el deseo de pertenecer a determinados grupos musicales. Los jóvenes “son”, “actúan” y “se visten”de acuerdo con sus preferencias grupales, de allí la importancia que se le da en los grupos musicales a la conformación de la propia imagen a través de la vestimenta.

En la Argentina uno de los ejemplos más palpables de unión de propuesta musical e imagen de grupo fue Las Viudas e Hijas de Roque Enroll. Mavy Díaz, una de sus integrantes, nos habló del carácter lúdico que tenía para ellas la elección de los diferentes looks: “Necesitábamos cambiar de imagen, jugar con personajes diferentes para comunicarnos mejor, y además todo el mundo así lo esperaba. Si salíamos con taco aguja, la respuesta era inmediata en la copia”. El juego de las identificaciones impulsa y moldea el desarrollo de la imitación y la emulación, dos de los componentes básicos de la moda. Las nuevas modas que comienzan a ser usadas en primer lugar por los seguidores de las bandas musicales, a través de los video clips y las propagandas desbordan al resto de la sociedad, imponiéndose tanto en las vestimentas como en los accesorios. Para la juventud los video clips suplantan a las revistas de modas. La emulación y la imitación no se agotan en la mera copia de la vestimenta, también implican la apropiación de un determinado estilo de vida. Con su imagen el rockero vende un símbolo, convirtiéndose en el referente más próximo.

Así, por ejemplo, el grupo británico The Police impone los pantalones ajustados, las remeras rayadas, camperas y sacos sueltos en los primeros años de la década del 80. The Cure, que tuvo su momento de auge en 1985, fue uno de los grupos que más influencia tuvo en el lanzamiento de las modas. Aunque nacieron con el punk musical, estaban inspirados en la psicodelia de los años 60; impusieron los abrigos oscuros muy largos y fueron los primeros que cerraron el primer botón de la camisa (usada sin corbata). 

Una de las influencias más impactantes en la moda femenina fue la de Madonna, que rescató los corsés, las minifaldas, las medias negras caladas con malla de red, las botas, las camperas de jean y que sobre todo se atrevió a lucir la ropa interior como vestimenta exterior, acostumbrando a sus seguidores al cambio continuo de imagen. Hasta ese momento la imposibilidad de denotar a través de la vestimenta una ideología configuró una moda anodina, que impulsada por la apertura de las importaciones era usada, sobre todo, por grupos de jóvenes, que despojados de ideas políticas imponían modas basadas en marcas importadas que debían ser además bien visibles, moda que los uniformaba. Fue en ese momento y en pleno desarrollo del hipermarquismo cuando se reemplazaron los tradicionales talles por las medidas internacionales: small, medium, large. Los talles no se adecuaban a las personas, sino que las personas desdibujaban sus cuerpos, adaptándose a las medidas generales. 

A raíz de este proceso de debilidad en la identidad nacional nace una consecuente búsqueda de configuración, desatándose una imperiosa necesidad de comunicación en todos los niveles que se manifiesta de manera inmediata en la producción de cine, en el afianzamiento del rock nacional y en denotar a través de las vestimentas diferentes estilos de vida: punks, posmodernos, new romantic, etc.