La evolución de la moda en la Argentina 

La evolución de la moda en la Argentina muestra en sus distintas etapas, desde 1776 a 1976, la configuración de un ideal social que apunta más hacia las formas y modales, desdeñando por movilizadores los sentimientos profundos. El ideal social subraya la cualidad de afirmar la condición masculina y femenina a través de la seducción, que se ejerce al elegir la ropa con armonía de líneas y colores para lograr equilibrio. Saber elegir la ropa con coherencia y armonía se transformó entonces en la cualidad más importante a través de los años, determinando el mito de la elegancia argentina.

Existen dos grandes grupos de consumidores de moda: los conservadores, que tratan de mantener las cosas como están, rechazando en general los cambios, y el numeroso grupo de los demasiado atentos y dóciles a las propuestas nuevas que se van sucediendo sin pausa. Ambos grupos, pese a parecer en un primer momento completamente diferentes, muestran como similitud el mismo ideal social y ‘su falta de estilo, ya que carecen de la flexibilidad necesaria que permite combinar parte de los conjuntos con sentido creador.

Cada persona es un ser único y especial. Su rasgo más importante y el que mejor delinea su personalidad consiste en la manera singular en que organiza todo lo que la rodea. El grado de libertad y originalidad que utiliza para esa organización depende muy estrechamente del conocimiento más superficial o más profundo que tenga de sí misma. La singular organización puede evidenciarse tanto en la manera de mezclar los ingredientes de una comida, los muebles de su propia casa, la elección de sus amistades y su arreglo personal. También se pone en primer plano de manera especial a través de cualquiera de las formas de expresión artística, cuando organiza ciertos datos de la realidad formando determinadas hipótesis científicas y en el trabajo intelectual. La forma singular como cada personalidad, a pesar de ser fluyente y estar expuesta al continuo cambio, organiza todos los datos que recibe determina su unidad interna. Esta permanencia en el cambio es lo que permite la formación de un estilo que resulta de sacar lo “propio” hacia afuera, manifestando de esa manera los esquemas de valores de cada uno.

Lo que verdaderamente le da al estilo su peso e importancia y hace que sea un imperativo tratar de elaborarlo es la presencia de la seguridad como compañera inseparable. El estilo es el núcleo que permanece sólido y firme en una personalidad que, al fluir, puede ir cambiando. Al mismo tiempo, ese núcleo que da estabilidad, es una defensa que protege a cada persona de los embates de una sociedad en permanente cambio. Podemos decir entonces que el estilo se convierte en uno de los pocos elementos con que se puede contar para defenderse del tembladeral que provocan los cambios, tanto internos como externos, cada vez más acelerados de la sociedad actual.

También el estilo personal es un modo de hacer efectiva la propia imagen y las relaciones con los demás: es como una etiqueta de identificación, por eso surge muy nítido después de conocerse y de conseguir una identidad personal. Desde el punto de vista de la moda, el estilo no tiene tanto que ver con las virtudes esenciales y permanentes de cada persona como inteligencia, atractivo y naturalidad sino con lo accidental y característico, o sea el modo de combinar los objetos, la ropa y los accesorios de una manera particular. Se vincula más con la forma que con el fondo, surgiendo por lo tanto de un acto de selección de todos los recursos que se tienen para obtener determinados efectos y resultados.

En casi todos los casos el estilo se va conformando con los años, paralelamente al enriquecimiento de cada personalidad, y puede estar acompañado o no por la elegancia, si entendemos por elegancia el estar sujeto a los dictados de la moda con una total armonía entre líneas y colores. Ser elegante implica que las partes de la vestimenta, líneas y colores, posean una total armonía entre sí, aunque esa armonía sea únicamente exterior, presentándose como una combinación coordinada de todo el equipo. En una persona con estilo, en cambio, la armonía se da entre el exterior interior, es decir la ropa concuerda con su personalidad total. Siguiendo estos lineamientos podemos definir a los argentinos como muy elegantes, pero carentes de estilo. Nada impide en este sentido que una persona con estilo pueda ser elegante, es decir, unir a su armonía exterior interior la armonía exterior. Al mismo tiempo, y siempre desde esta óptica, alguien con estilo muy definido puede no resultar elegante.