GATITAS DE COLOR ROSA Y NAVES ESPACIALES AZULES

El rosa, en nuestra cultura, está asociado con la sensibilidad; el azul con el servicio. Lo que esto implica es que la niña se interesará en el futuro por la vida de los afectos; el niño por ganarse la vida. Según van creciendo, el azul claro se convierte en un color habitual en la ropa de niña después de todo, las mujeres han de trabajar además de barrer, pero el rosa es raro en los chicos: la vida emocional nunca es demasiado varonil. En la primera infancia la ropa de niña y de niño con frecuencia es idéntica en corte y en tejido, como reconociendo el hecho de que sus cuerpos son muy parecidos. Pero la ropa hecha específicamente para niño suele ser de colores más oscuros (especialmente verde musgo, azul marino, rojo y marrón) y suele ir estampada con motivos relacionados con los deportes, el transporte y los animales salvajes. La ropa de niña es de colores más pálidos (especialmente rosa, amarillo y verde) y va decorada con flores y animales domésticos. Se sugiere así que el chico será dado a los juegos vigorosos y que hará largos viajes; la chica se quedará en casa y criará plantas y pequeños mamíferos. Estos motivos pueden también simbolizar a quienes los llevan: el niño es un oso mimoso o un tigre sonriente, la niña una flor o una gatita. Hay también una tendencia a que la ropa de niño sea más ancha en los hombros y la de niña en las caderas, anticipando así sus siluetas de adultos. La ropa de chico y de hombre también da relieve a los hombros con rayas horizontales, charreteras o canesús haciendo contrastes de color. La ropa de chica y de mujer da relieve a las caderas y al trasero por medio de pliegues y adornos estratégicamente situados.

HOMBRES RECTANGULARES Y MUJERES REDONDITAS

Incluso en los niños, la ropa de vestir tiende a ser diferente para cada sexo en cuanto a su forma, además de en el color y los adornos. En la adolescencia casi todo lo que nos ponemos incorpora indicadores tradicionalmente masculinos o femeninos: entre ellos, para hombre, la prenda que se abrocha hacia la derecha y el conjunto clásico de chaqueta, camisa y corbata; para mujeres, la prenda que se abrocha hacia la izquierda, los volantes y los lazos, los zapatos de tacón alto y la falda en todas sus formas. La ropa de hombre siempre se ha diseñado para sugerir dominio físico y/o social. Antiguamente esta preferencia era de tipo practico: casi todos los hombres eran campesinos, cazadores o guerreros, y las mujeres que se unían a un hombre grande y fuerte tenían más posibilidades de sobrevivir. La ropa de hombre tendía, por tanto, a agrandar el cuerpo mediante el uso de colores fuertes y tejidos voluminosos, y a dar relieve a los rasgos angulosos con formas rectangulares y puntas agudas. Esta ropa sugería o llamaba la atención sobre unos músculos bien desarrollados en piernas, hombros y brazos, por medio de calzas, pantalones y chaquetas ceñidas; y aumentaba la anchura de los hombros y el pecho con acolchados.

El traje de saco moderno, por su parte, aunque con frecuencia es de color oscuro y siempre de corte rectangular, disimula u oculta todas las características que se supone constituyen la belleza masculina: hombros anchos, cintura y caderas estrechas, vientre liso y piernas musculosas. Pero, como señalamos antes, para un hombre que carezca de estos atributos el traje de saco es favorecedor. Si está bien cortado puede ocultar un pecho hundido o una barriga incipiente. Y tanto si un hombre es de complexión atlética como si no, este tipo de traje hace que la atención se aparte de sus cualidades físicas y se centre en su posición económica o social. El traje de saco es un indicador de clase media, y en un mundo en el que la pertenencia a una clase social es una garantía de prosperidad más segura que la mera fuerza muscular, una versión cara puede tener considerable encanto erótico, especialmente para las mujeres que buscan marido y no amante. La indumentaria femenina, durante la mayor parte de la historia moderna europea, estaba diseñada para sugerir aptitud para la maternidad. Ponía de relieve los contornos redondeados, hacía hincapié en los tejidos ricos y suaves, y tendía a centrar el interés en los senos y el estómago. Se consideraban atractivas la energía, la fuerza y la salud, y se expresaban por medio de colores vivos y brillantes y trajes largos de corte ancho con curvas muy marcadas, que a menudo acomodaban y favorecían a la mujer embarazada. Tal tipo de ropa se puede ver en muchas pinturas del Renacimiento y el Barroco y (de una forma algo más refinada) en las del rococó.