La moda como anatomía de una tendencia

Las tendencias se ban expandido más allá de la moda. ¿De qué color es tu teléfono móvil esta temporada? Cuando una amiga mía interesada en la moda vio un cartel anunciando la película Kill Bill con Uma Thurman ataviada con una cazadora motera de color amarillo brillante y pantalones a conjunto, se volvió hacia mí y me dijo entre dientes: “Mierda, eso significa que este verano todos vamos a parecer bananas”. De hecho, el violento conjunto amarillo de Uma no acabó de cuajar, aunque sí lo hicieron sus zapatillas deportivas (fabricadas por la marca japonesa Asics). El cine, especialmente cuando se convierte en un fenómeno cultural popular, tiene un claro impacto sobre las tendencias de la moda y sobre la industria discográfica. ¿Pero, aparte de estas fuentes evidentes, de dónde provienen las tendencias? ¿Por qué están las tiendas llenas de artículos de color rosa esta temporada, de color verde la siguiente y de azul la de más allá? ¿Por qué el estilo “chica vaquera” sucede al de flapper, por qué los años cuarenta sustituyen a la década de los setenta?

Los proveedores de tejidos son, de hecho, uno de los primeros eslabones en la cadena de la moda. Uno de los eventos más destacados del año es Première Vision, la feria de tejidos que se celebra en París a finales de septiembre. Unos ochocientos fabricantes de tejidos de todo el mundo (con Italia, Francia, Japón, Portugal, Suiza y el Reino Unido como mercados de mayor influencia) muestran sus productos a los diseñadores y a los equipos de diseño. Es una de las pocas ferias donde se puede ver a diseñadores de la talla de Christian Lacroix y Dries Van Noten deambulando por los pasillos.

Los comerciantes de tejidos poseen una extraordinaria habilidad para el marketing; tienen una clientela asidua, y nuevas urdimbres y tramas que enseñarle. En ocasiones, se les pide que fabriquen algún tejido especial para un diseñador, del que puede que dejen caer disimuladamente algún detalle a algún diseñador de la competencia. De manera similar, si un influyente diseñador ha escogido un tejido en concreto, se animará con mucho tacto a los clientes que lleguen más adelante al stand a seleccionar el mismo tejido. La tecnología también influye en las tendencias: el resurgir del tweed tuvo como origen los avances en su fabricación, que permitieron crear un tejido más ligero, más dúctil y más fácil de manipular. Cada año surge un nuevo método para el tratamiento de la tela vaquera que confiere a los pantalones confeccionados con este tejido un aspecto sutilmente diferente al del año precedente. En el otro extremo de la cadena, el acuerdo tácito entre los comerciantes minoristas para apoyar ciertas tendencias en lo que respecta a colores o tejidos da como resultado un incremento de la demanda por parte de los consumidores de esos mismos colores y tejidos, lo que garantiza las ventas y minimiza los restos de serie, con los que los comerciantes hubiesen tenido que cargar de haber hecho caso omiso del mensaje. ¿Pero, si la reunión secreta que sugeríamos más arriba no tiene realmente lugar, cómo saben los comerciantes que deben tener en existencia artículos similares al mismo tiempo?

El bureau del estilo

Sentado frente a mí se halla un hombre con un jersey de cuello pico de color azul cielo, vestido de manera elegante al tiempo que informal, aunque no particularmente moderna; sin embargo, este hombre dirige una de las compañías que, en última instancia, más influencia tienen sobre nuestra indumentaria. Pierre François Le Louët es presidente del consejo de administración de Nelly Rodi, un “bureau de estilo” (www.nellyrodi.fr) con sede en París, oficinas en Italia y en Japón, y una red de afiliados en todo el mundo. Sus clientes provienen del sector de la moda, del textil, de la cosmética, de la venta al público y del interiorismo, e incluyen (en una u otra categoría) a L’Óreal, LVMH, Mango, H&M, Liz Claiborne, Agnès B., Givenchy y a un puñado de marcas asiáticas. Existen otras agencias similares, como, por ejemplo, Promostil, Peclers y Carlin International, pero NNelly Rodi (que toma su nombre de la madre de Le Louët) fue una de las agencias pioneras en asesoría de tendencias en Europa. Rodi sigue presidiendo la compañía, mientras que Le Louët se encarga de la gerencia cotidiana de la empresa. A principios de la década de los setenta, Rodi se hallaba al cargo del departamento de comunicación del diseñador Courrèges, antes de ser nombrada gerente (en 1973) de un organismo llamado Comité International de la Moda, creado por el gobierno francés veinte años atrás.

El hijo de Nelly Rodi nos explica la historia: “En los años cincuenta, el prêt-à-porter era un fenómeno norteamericano, y se tenía la sensación de que la oferta francesa estaba desorganizada y pasada de moda. Tras una misión comercial a Estados Unidos para analizar cómo estaba organizado allí el sector, el gobierno francés creó el comité, que en esencia consistía en una agencia estatal de coordinación de tendencias financiada por el sector textil. ¿Cuál era el propósito de coordinar las tendencias? Sencillamente, minimizar la incertidumbre: si se suministra la misma información a quienes comercializan las prendas, a quienes las diseñan, a quienes compran los tejidos con los que se fabrican y a quienes las producen, las ventajas económicas para los productores textiles son enormes, porque conocen de antemano cual va a ser la demanda de tejido y dónde tienen que concentrar sus esfuerzos. De manera similar, si ese año todos los minoristas tienen en existencia artículos de color violeta, inevitablemente se genera una demanda por el violeta, y los minoristas terminan vendiendo todas sus existencias. 

Ésta es la organización a la que se sumó Nelly Rodi en 1973, y aprendió muchas de sus técnicas antes de abandonarla para formar su propia agencia en 1985. En 1991, Rodi adquirió el recientemente privatizado Comité International de la Moda, y de este modo se aseguró ser elegida como asesora en temas de moda por multitud de empresas. Hoy en día, ineludiblemente la compañía trabaja con un equipo de rastreadores de tendencias que viajan por todo el mundo, observando los fenómenos sociales y la eclosión de las tribus juveniles, y tomando nota de oscuras tendencias en las calles de Río de Janeiro o de Tokio que más tarde se convertirán en modas globales.  Para ilustrar este comentario, Le Louët abre un libro de tendencias por una página dedicada al tema de la “tradición” que muestra una fotografía ambiental de un bonito sofá Chesterfield en color tostado sobre una alfombra con un tenue estampado de cachemira. A continuación, pasa las páginas de un reciente ejemplar de Vogue y me muestra el anuncio de una muy conocida firma de diseñador italiana, y allí está la melancólica fotografía, con la alfombra y el sofá Chesterfield, sobre el que se reclina una delgada modelo. La similitud es sorprendente; Le Louët hace una mueca: “Como ya he comentado, esta compañía no es uno de nuestros clientes”.