Estilos característicos de 1914 a 1930

“Cuando las clientas visitaban las casas de alta costura, eran recibidas por su dueña, la vendedora o la maniquí. La maniquí era una chica del taller, que, por ser alta y espigada, subía a la tienda y pasaba los modelos para la clienta, hasta que ésta efectuaba su elección. En las casas de alta costura había dos o tres chicas que hacían de maniquíes, turnándose dos horas por día y aunque no se les pagaba más por su trabajo, estaban encantadas de dejar el taller y vestir los modelos para las clientas. “Efectuada la venta, el importe se anotaba en un libro, y como en aquella época no había inflación, a las clientas sólo se les cobraba semestral o anualmente, según la cosecha. Pero lo importante era que el vestido ya había sido vendido. “En el taller entonces se trabajaba a toda velocidad, de un día para el otro y hasta cualquier hora, para entregarlo a tiempo. Allí teníamos los maniquíes con las medidas de las clientas que nos permitían evitar las pruebas que en alta costura son tres o cuatro, y dependen más del carácter de la clienta que de la mayor o menor armonía de su cuerpo. Cosíamos el vestido por partes: unas se encargaban de la bata, otras del ruedo, otras de las mangas, etc. Una vez entregado, la clienta lo estrenaba y luego lo devolvía para que le fueran arreglados los defectos.

“En los períodos en que quedábamos sin trabajo porque las dueñas de las casas de alta costura viajaban a París a traer los modelos (dos meses en invierno y tres meses en verano) íbamos a la casa James, frente a Harrods, donde su dueño el señor Delbosc nos daba trabajo. Allí cosíamos vestidos en serie y sin pruebas que se vendían en Mar del Plata, durante la temporada, con un sistema de venta que podría ser el antecesor del prêtàporter.” Otra de las casas de alta costura de esta época fue la de Margaine Cherruit, de Florida y Viamonte, que alcanzó su gran auge hacia fines de los años 20 y cerró sus puertas en 1945. También en Cerrito 1330, se instaló “Santina”, fundada en 1925 por Santina Scarpa que siguió funcionando hasta la década del 60. Moussion y Carrau, las más antiguas; Paquin, la más lujosa e importante, instalada frente al hotel Alvear; Saint Félix, Auguste, Mme. Suzanne, Jean et André, Campana, Santina, Margaine Cherruit, Henriette fueron todos nombres de alta costura que vistieron a las mujeres más alegantes y ricas de Buenos Aires para las fiestas y las veladas del Colón. Estas casas de alta costura se distinguían por los modelos que traían, su corte perfecto, su habilidad para desarrollar el oficio, el gusto, los géneros etc., ya que la alta costura es todo un arte que requiere mucho oficio. Con su febril actividad brindaron trabajo y crearon un refinamiento, a la par que enseñaron el oficio, que antes no existía en el país.

Durante los años de la preguerra, el brillante Paul Poiret fue el responsable de modificar totalmente la silueta femenina, introduciendo novedades como las túnicas de talle alto, las faldas pantalón y el uso de colores vivísimos. La Primera Guerra Mundial marcó profundamente este siglo e impulsó una nueva evolución en la vestimenta cuyos principales lineamientos continúan hasta nuestros días. Sin embargo, en este sector el más importante efecto se dio en la confección industrial para producir los uniformes de las fuerzas armadas, mejorando notablemente las maquinarias y los métodos de producción.

La mujer enfrentada a su nueva condición social se libera de la dictadura que hasta ese momento ejercían los grandes modistos masculinos; es entonces cuando la alta costura comienza a perder influencia sobre su clientela, produciéndose hacia 1919 una gran confusión. La casa de alta costura en Europa siente el impacto de esta nueva situación, aunque Madame Cherruit dice en París: “Las mujeres deben vestirse con guerra o sin ella”. Cierran las casas Doucet, Doeuillet,y Paul Poiret, después de hacer su último desfile en 1919,se retira. Con la pérdida de influencia de la alta burguesía, el lanzamiento de la moda que hasta ese momento había sido patrimonio solamente de la clase alta, se desplaza hacia el cine y el teatro. Sarah Bernhardt e Isadora Duncan marcan rumbos, mientras Teda Bara ya había perdido hacia 1918 toda su influencia.

Durante la Primera Guerra Mundial el mundo occidental se había acoplado a las tendencias irradiadas por París, que era el centro de la moda, aunque desde 1895, con la poderosa ayuda del cine la moda comienza a volverse internacional. Desmantelada la industria textil en Europa y ausentes los artesanos de la moda, pocos tenían una idea precisa sobre cómo satisfacer las nuevas necesidades de importantes grupos sociales que comenzaban a tener influencia. Se abría el camino para líneas juveniles tanto femeninas como masculinas que llevaba a una incipiente uniformidad. Ya durante la guerra un grupo de costureras se agrupó para una exhibición en la ciudad de San Francisco de los Estados Unidos, mostrando por primera vez cinturas naturales y amplias faldas un poco más cortas. Entre las modistas que supieron intuir que, llegada la paz, las mujeres serían prácticas y diferentes se impusieron dos revolucionarias: Coco Chanel, con su espíritu audaz y deportivo, y Madeleine Vionnet, con su línea de corte sesgado y su decisión de conseguir que las mujeres sintieran los vestidos como una segunda piel.