La moda y el diseño de autor

En 1983, con el advenimiento de la democracia en la Argentina, comenzó una época en extremo creativa, en todos los ámbitos de la cultura. En este nuevo contexto, hizo su aparición el término “diseño”, asociado por primera vez a la producción de telas y prendas. En esto tuvo particular influencia la creación, en 1988, de la carrera de Diseño de Indumentaria y Diseño Textil en la Universidad de Buenos Aires. Después de años de importar ideas, la gran novedad radicaba en reconocer que no se podía exportar lo mismo que se había importado, y actuar en consecuencia. Sin embargo, fue necesario que transcurriera toda la década de los noventa y que tuviera lugar la explosión de una crisis política, económica y social sin precedentes en el país, para que esa idea pudiera comenzar a plasmarse, hacia fines del año 2001. A partir de entonces se han producido una serie de importantes cambios impulsados, entre otros factores, por la llegada de una cultura que privilegia la individualidad y que se superpone a la cultura masiva que ejerció su poder desde 1963 hasta la caída de las torres gemelas, en Nueva York. La diferencia estriba en los criterios: mientras que las prendas diseñadas con criterios masivos para impulsar el consumo generalizado siguen con obediencia ciega las tendencias de moda, el diseño de autor, en cambio, es casi autónomo con respecto a estas tendencias, ya que se nutre de sus propias vivencias y por eso comparte criterios con el arte. En la Argentina, un país tradicionalmente copista y seguidor de las tendencias de moda, la consolidación del diseño de autor fue una consecuencia de la crisis socioeconómica que afectó comportamientos y actitudes. De tal modo, e igual que en buena parte del mundo la moda autoritaria y unificada se vio obligada a compartir su poder con diseños de autor. Un diseño es considerado de autor cuando e diseñador resuelve necesidades a partir de su propio estilo e inspiración, sin seguir las tendencias que se imponen desde los centros productores de moda. Estos creadores ocupan un lugar cada vez más importante y representan el otro polo del nuevo sistema de la moda, con una concepción basada en la personalidad y en la comunicación de cierta identidad. En tal sentido, más que adscribir al pensamiento global, representan a las personas de acuerdo con sus gustos e intereses; por eso, sus prendas se obtienen con criterios de compra y no por deseos basados en el mecanismo de consumo masivo.
Para comprender mejor de qué modo se articula la lógica de la moda tal cual se la entiende desde comienzos de la modernidad es necesario situarse en pleno siglo XVIII, momento en que varios acontecimientos cruciales cambian por completo el orden establecido. Por un lado, la Revolución Industrial, que se desarrolla principalmente en Inglaterra a partir de 1750 y, por el otro, la Revolución Francesa en 1789, donde puede rastrearse el origen del lento camino de democratización de la moda, a partir de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad. Las leyes suntuarias son derogadas y el privilegio del vestir de acuerdo al status otorgado por el nacimiento es reemplazado por el privilegio que el dinero otorga, y que redundaría en el nacimiento de la alta costura. En esa misma época fue creado el Virreinato del Río de la Plata (1776). Nos centraremos en este punto, ya que entendemos que es casi imposible comprender el comportamiento actual de los argentinos con respecto al vestir si no se comprende qué ocurrió en el país y en el mundo desde aquellos lejanos años. La Revolución Industrial que comenzó alrededor de 1750 se apoyaba en la revolución comercial que tuvo lugar entre 1400 y 1700. Entre sus causas se destacan los viajes marítimos de descubrimiento de nuevas tierras, la transformación del comercio a pequeña escala en empresa mundial y el aumento de abastecimiento de metales preciosos. En este marco económico y social surgieron nuevas ideas científicas que redundaron en un mejoramiento de la calidad de vida. La ciencia aportaba sus hallazgos y la técnica se ocupaba de desarrollarlos, sustituyendo la energía humana y animal por aquella producida por el carbón y el vapor. Este proceso tuvo como consecuencias, entre otras, el surgimiento del capitalismo, el desarrollo de la banca y las facilidades de crédito (por ejemplo, se crean los cheques), la decadencia de los gremios de artesanos y la creación de nuevas industrias

Génesis del ser argentino. Contexto Internacional

Es en Inglaterra donde tiene lugar, desde 1750 hasta 1860, la referida Revolución Industrial. Esto es así porque, gran potencia marítima, Gran Bretaña se había beneficiado más que ningún otro país con el nuevo orden instaurado por los franceses desde 1789. Pero no todo era fuerza y empuje. Entre los cambios sociales importantes que dieron lugar a la Revolución Industrial, las mejoras en higiene y alimentación multiplicaron la población, mano de obra barata fundamental para las nuevas necesidades. Dado que estas desigualdades eran aprovechadas por los empresarios, también eran motivo de grandes descontentos sociales y de injusticias, que jalonaron el camino de la consolidación del capitalismo. Ocurría además que, mientras aumentaba la demanda en los mercados de los países cálidos, la importación desde la India. Toda la economía de Inglaterra se basaba entones en la lana que se producía en las islas y en los tejidos de algodón que se fabricaban ya en forma mecanizada hacia 1815 con la materia prima recibida de Estados Unidos a cambio de esclavos africanos. El nefasto circuito entre África, Estados Unidos e Inglaterra permitió a este último país utilizar la industria textil como punta de lanza en la carrera de la industrialización.