Los bolsos y sus usos

Por supuesto, no es sólo sexo lo que comunica el bolso. Su contenido, por ejemplo, puede representar el contenido de la mente, o servir a la vez de carnet de identidad y de equipo de reparaciones. No obstante, al mismo tiempo el bolso transmite información erótica, aunque sólo sea a los ojos de quien lo contempla. Según mis informantes varones, un bolso con cierres, hebillas y cremalleras sugiere una mujer que guarda férreamente su intimidad física y emocional, una mujer a la que será difícil llegar a conocer en el sentido vulgar y en el bíblico. Un cesto de paja con la parte superior abierta sugiere una personalidad abierta y confiada: alguien que es emocional y sexualmente más accesible. Un bolso puede también ser pequeño o grande, rígido o blando y de colores vivos u oscuros. 

Muchas mujeres se embadurnaban por completo de aceite y se tumbaban a tostarse en Ia arenas de Niza, Miami Beach o Santa Mónica, no se daban cuenta dos y envejecidos antes de tiempo como pavos viejos, ni que de esta mecer de piel. Cuando estos pavos fueron volviendo al corral durante los años sesenta o setenta estos bronceados intensos dejaron de estar tan de moda, y hoy el color preferido es un beige medio. Un método más doloroso, pero potencialmente menos perjudicial de alterar la piel es por medio del tatuaje. Tradicionalmente, este arte lo practican principalmente los hombres de clase obrera, sobre todo los marinos; pero con el trato se descubre que un número sorprendente de mujeres incluso en ocasiones mujeres aristócratas llevan una rosa o una mariposa grabada en algún lugar íntimo. Además del dolor inicial, el principal inconveniente del tatuaje es que con el tiempo se emborrona, de tal manera que empieza a parecer un dibujo hecho con tinta de color puesto bajo un grifo. También es difícil quitarlo si se accede a otro estrato social o si rompes con la persona cuyo nombre, rodeado de corazones y flores, llevas marcado en el cuerpo. Los tatuajes pequeños en un lugar visible del cuerpo de una persona de clase media sugieren un pasado tormentoso y aventurero, y a menudo que se ha servido en la armada o en la marina mercante; a muchos hombres y mujeres, según mis investigaciones, les resultan sexualmente estimulantes. Los diseños más grandes y más artísticos, especialmente esos tatuajes de estilo japonés que cubren la mayor parte del cuerpo o la espalda y contienen muchas figuras entrelazadas, son menos populares: uno de mis informadores me decía que era como hacer el amor con una alfombra oriental.

PINTURA Y POLVOS

La forma más fácil de decorar la piel es con cosméticos. En siglos discretamente; en la actualidad se supone que sólo las mujeres se pin. Y reflejos azules en el pelo. Los hombres más convencionales pueden abrí cualquiera que haya estado alguna vez en una cuadra o en a jaunbs los cosméticos de hombre siempre se venden de un modo muy viril. Como ha señalado Robert Brain: [Los fabricantes] tienden a apelar al guerrero, al macho, cuando ven criquet anuncian perfumes y cremas. Se dice a los hombres que los porosos, enérgicos e interesantes. Esa osadía, esa temeridad y todo lo demás son absolutamente artificiales. Como se ha señalado a menudo, los cosméticos, los perfumes y los jabones lo que hacen es ocultar y eliminar los olores naturales del cuerpo humano que una vez sirvieron como señales sexuales. Se nos está condicionando para que rechacemos los mismos olores que en otro tiempo nos excitaban, y para que exijamos que los seres humanos exuden un olor vegetal o químico. Convencionalmente, el maquillaje femenino se ve como medio de disfrazar la edad y las imperfecciones. De hecho, esto sólo lo hace de manera parcial; su principal efecto es crear la apariencia de enardecimiento erótico: los ojos agrandados, los labios dilatados y enrojecidos, el arrebol de la piel. El maquillaje se ha usado también para dar la impresión de que una cara se ajusta al ideal vigente. Como resultado, una gran mayoría de mujeres de los años veinte parecían tener la boquita de piñón. Cuando las modas maduraron, durante la depresión y la segunda guerra mundial, las mujeres mostraron su sofisticado escepticismo estrechando los ojos y arqueando permanentemente las cejas. En los años sesenta, cuando el mundo comenzó a cambiar otra vez, los ojos se volvieron artificialmente grandes y redondos por la sorpresa, un efecto incrementado por las sombras oscuras y las largas y pegajosas pestañas que los rodeaban. Conforme se enrarecían las modas, los labios se volvieron de color marrón pálido y más tarde rosa pálido o blanco, desapareciendo finalmente casi por completo; durante un tiempo las mujeres casi sólo tuvieron ojos. Bajo la influencia de los movimientos que propugnaron la vuelta a la naturaleza y la liberación de la mujer durante los años setenta, muchas mujeres abandonaron por completo el maquillaje. En la actualidad parece estar retornando, aunque todavía lo desdeñan parte de la juventud y casi todas las feministas serias.