Los tapados marcando la moda

Las líneas de los tapados eran dos: rectos y tubulares adelante, mostrando en la parte posterior (siempre la importancia en la espalda) una línea piramidal sostenida en algunos casos por una martingala, hombros naturales y bolsillos aplicados con adornos de tapitas. La otra línea, en cambio, era “en redingote”, recogiendo el vuelo en la cintura con un cinturón que se ataba al costado. Hacia 1956 comenzaron en Buenos Aires a llevarse los vestidos de noche en una línea llamada ballon que recogía el vuelo de la amplia falda con una banda a mitad de pierna. Como vemos, las inspiraciones de las líneas en general son varias y van desde la “oriental” hasta la “española”, la “típica parisiense” o la “italiana”. Si bien son muchas para la época, todas las líneas trataban siempre de estar sostenidas por la buena calidad de las telas nacionales e importadas.

Durante la segunda mitad de la década, los importantes cuellos de los trajes y los puños podían estar adornados con piqué blanco y acompañados por una flor del mismo material. Los zapatos con taco muy alto tipo “aguja” se llevaron en los primeros años de la década. Años más tarde, totalmente bajos, sin tacos, las “chatitas”. En cuanto a los peinados, se usaban cortos y ligeramente ondulados; las mujeres jóvenes se ataban el pelo largo formando la clásica “cola de caballo”. Las mujeres de más edad elegían turbantes que les cubrían prácticamente toda la cabeza. Siguiendo la moda de los vestidos de noche, los trajes de novia muestran toda su importancia en la espalda, con cintura sumamente entallada y faldas de gran vuelo que se retienen con moños o recortes en su parte trasera. Podían ser largos o cortos, pero siempre con faldas muy amplias de materiales livianos como tul y gasas. Los tocados en la cabeza repetían la moda de los pequeños sombreros irregulares que se adaptaban a la forma de la cabeza y se adornaban con velos de tul.

Hacia la década del 60 los vestidos pierden vuelo y se apoyan suavemente en la cintura sin cortar. Se usaban con importantes colas que partían de los hombros o, por contraste, totalmente carentes de cola y tul, las mangas pegadas eran muy angostas y los cuellos, al ras. Se confeccionaban generalmente en raso, seda salvaje, gros, encajes y crêpes con incrustaciones de guipure. Los tocados llevaban flores de azahares o piqué, y algunas veces los peinados recogidos en rodetes se adornaban con detalles de pinches de perlas. Sumándose a las tradicionales casas de novias, como Henriette, Carrau, Alicia, Madame Auguste, que trabajaban en la época, hacia 1955 abre su casa María Emma Mulgura de González: “Emma”. Lentamente fue afianzándose hasta llegar a ocupar uno de los lugares más importantes como especialista en novias. En su casa de modas de la calle Ayacucho 1427, donde sigue actualmente, organizó el primer desfile exclusivo de trajes de novias que se hizo en Buenos Aires (1974), con 35 modelos diferentes que repetían su personal estilo y con tal éxito que debió continuar tres días seguidos. La acompañaba desde siempre Ana María Casaurang de Barcos, responsable de los tocados. Tanto Emma como la mayoría de las casas de novias de Buenos Aires utilizaban los originales ramos de María Rosa Cóppola.

A pesar de la situación económica del país y de los nuevos intereses que había incorporado la mujer argentina, igualmente la moda sigue ocupando un lugar especial, sobre todo con la llegada de especialistas en el tema que abrieron nuevas casas de moda, coincidiendo con una nueva época de inmigración europea. Durante la época del 50 el mundo de la moda se sacudió por la llegada al país de Jacques Dorian. Este auténtico creador lograba conciliar una excepcional originalidad en el diseño con un verdadero rigor de artesano. Llegaba de Venecia el 18 de marzo de 1951 y el 3 de septiembre ya hacía su primer desfile en esa misma casa de la calle Marcelo T. de Alvear 871 donde está actualmente. Hijo de un industrial veneciano y de madre francesa, al venir tuvo que cerrar sus casas de moda en Venecia y en Padua, donde había trabajado durante 16 años. Pero el cansancio de los años de guerra lo impulsa a buscar nuevos horizontes y viaja a la Argentina acompañado por el veneciano Gabriel Scarpis, que recibe la invitación para trabajar en Buenos Aires como director del renglón sombreros en la casa de Jacques Dorian.

“Me costó imponerme en Buenos Aires dice Dorian porque quería hacer una moda mía, sin copiar. Al principio no viajaba a Europa”. Podemos coincidir totalmente con Bibí Etcheto de Sueldo Piñeiro, productora de moda y del programa de televisión Modasen TV, cuando dice: “En la Argentina de 1950 a 1970 Jacques Dorian era estrella única; todos los demás copiaban”. Podemos también coincidir con la cronista que firmaba Claudia, que en una nota del número 11 de la revista Affinités de mayo de 1954, dice: “Dorian tiene ideas personales, una coupe perfecta y el mérito de no dejarse influenciar por nadie”.