
Desde el momento en que Manuel Lamarca llega al diseño de modas desde las artes plásticas, participando además del movimiento más amplio que buscaba rescatar las raíces de lo nacional, podemos considerarlo como el auténtico representante de esta época. Es interesante destacar que la búsqueda de las raíces y la incorporación del elemento folclórico a sus diseños se han mantenido invariables desde sus primeros trabajos en el atelier de su casa de modas de Posadas y Rodríguez Peña, a principios de la década del 70 hasta la época actual. Sin embargo, Manuel Lamarca nos dice: “Yo creé ropa a partir de lo que me gustaba, sin cánones ni prejuicios de formas y colores, un gusto muy definido que fui depurando hasta encontrar la síntesis que es la madurez total del diseñador.
“Nunca dejé de integrar el elemento folclórico, tanto en la Argentina como en Brasil, donde durante diez años hice una recreación del estilo de Bahía al rescatar los encajes y los géneros simples de algodón floreado logrando un estilo propio para el Brasil y otro para la Argentina. “Si un japonés en París utiliza las guardas colombianas, ¿por qué un argentino no puede usar las guardas pampas que son propias de nuestro país? Yo proponía por ejemplo para una mujer argentina que va al campo: un suéter, unas bombachas, un sacón de piel, una faja en la cintura, una boina y un poncho puesto como écharpe en vez de una chalina de Dior.
“La idea en esa década prendió. Actualmente hay mujeres argentinas que en Europa muestran los ponchos de vicuña arriba de un visón; queda lindísimo y está integrando el elemento folclórico nuestro con lo que es moda. “Estudié durante siete años pintura, escenografía y diseño de teatro con Horacio Butler. Al comenzar a diseñar moda quise integrar lo que había aprendido de una manera creativa, porque en ese entonces había un concepto diferente de lo que era la ropa. Si no se aceptaba la creatividad en mi ropa no me interesaba, no solamente se aceptó, sino que logré un estilo propio en la Argentina. Atrás de todo estilo hay un pensamiento y una idea. Mi estilo responde a una idea de mujer joven, práctica, dinámica y que además es elegante y puede estar a nivel de cualquier mujer del mundo sin necesidad de ir a buscarlo a Europa o a otras partes del mundo. A partir de allí puede asumir su elegancia, su creatividad, su dinamismo, pero con identidad propia.
“La moda es un servicio a través del diseño que acompaña cada personalidad. Por eso necesito saber diseñar todos los componentes que una personalidad quiere reflejar o demostrar, es decir si una mujer quiere subrayar más o hacer desaparecer su forma de ser. “Para diseñar, estos componentes son necesarios, porque para las personas la vestimenta es la bandera del alma. En Brasil se dice que alguien “da bandera” cuando es muy obvio. En los países más evolucionados las personas muestran a través de su ropa lo que realmente son, y se ven por la calle tantos estilos como diferentes tipos humanos. En la Argentina el medio presiona de tal manera que muchas mujeres imponen sus pautas diciendo: ‘Yo soy así, pero tengo que estar como el contexto me pide.
“El estilo nace a través de una idea de lo propio. En nuestro país ha habido una pérdida de identidad porque la cultura argentina, en vez de exaltar las propias raíces las desechaba, asimilando en cambio de París, de Italia, de Inglaterra. En arquitectura, por ejemplo, el estilo colonial era despreciado, construyendo en cambio palacetes franceses e italianos cuando lo lógico hubiera sido una síntesis de lo colonial español. “Lo mismo pasó en la moda, siempre se fijaban en Europa. Yo lo veo a través de las heroínas de la historia, las unitarias con sus vestidos azules que se distinguían de las federales de colorado por el color, pero la moda era la misma que llegaba de Europa. Por ejemplo, Manuelita Rosas, ‘una especie de reinita del Río de la Plata’, con sus vestidos colorados, y la elegancia de Mariquita Sánchez de Thompson.
“En materia de moda las mujeres argentinas no inventaron nada. Si bien hubo personalidades que marcaron por su elegancia propia, eran casos aislados, como Dulce Liberal de Martínez de Hoz y Eva Perón por su prestancia propia. Eva Perón era una mujer de presencia increíble y personalidad arrolladora. Cuando a Dior le hacen un reportaje y le preguntan: ‘¿Usted, que ha vestido a las reinas de casi todas las casas reales del mundo, ¿cuál es la reina que más le ha gustado vestir?’, él contesta: ‘La única reina que yo vestí fue Eva Perón’. “Zully Moreno era en el cine el paralelo de Eva Perón en la política. Delia Garcés era una mujer que marcó por su elegancia desde el teatro. Malena Nelson de Blaquier fue una de las elegantes de la Argentina en la sociedad y en el polo.
“Diseñar moda es una aventura muy solitaria en la Argentina, donde lo único que preguntan es el largo que se usa en la pollera, en general no se tiene mucho interés en buscar más allá. Sin embargo, en los últimos años hay muchas mujeres profesionales jóvenes que son las que primero reconocen a los vanguardistas, que en sus viajes al exterior por sus trabajos prefieren ir a mostrar las cosas argentinas que comprar el uniforme de Saint Laurent. “El problema es que en la Argentina no hay apoyo oficial a la moda, sólo tiene apoyo la persona que está con el gobierno de turno. Tendríamos que aprender de Italia que, estando desahuciada, empezó a resurgir en los últimos años, a partir de sus diseñadores de ropa y a la difusión que de ellos se hacía en el exterior.”
