El rojo, ante todo, y como ya se sabe es el color de la sangre. Tradicionalmente simboliza la fuerza, la vitalidad y el calor, así como la existencia de un peligro inminente, como cuando se anuncia con una luz roja. Fisiológicamente, y casi de una forma mágica este color produce un aumento de la presión sanguínea, del ritmo de la respiración y de los latidos del corazón, preparándonos para emprender una acción física inmediata. Si la reacción es intensa, como montar en cólera, podemos literalmente «ver en rojo» conforme la sangre nos sube al cerebro; agitar un trapo rojo ante un toro, presumiblemente, tiene el mismo efecto. La pasión sexual exhibe también una bandera roja: tanto los hombres como las mujeres, cuando se excitan, enrojecen (se ruborizan). No es de extrañar, por tanto, que las prendas de color escarlata o carmesí se hayan asociado tradicionalmente con la agresión y con el deseo. Las chaquetas rojas de los soldados y los cazadores de zorros, los vestidos rojos que llevan ciertas «mujeres de la vida en la historia y en la literatura, son ejemplos obvios. En el teatro, una indumentaria completamente roja en una mujer es un signo aceptado de la sexualidad ardiente. En Un tranvía llamado deseo (A Streetcar Named Desire, 1947), de Tennessee Williams, Blanche Dubois aparece primero con una vestimenta engañosamente inocente a juego con su nombre: «Va vestida de una forma exquisita con un traje blanco de vaporoso cuerpo, collar extravagante y pendientes de perlas, guantes blancos y sombrero». 

Sin embargo, en privado lleva un quimono rojo, descrito en las acotaciones escénicas como una «bata de satén escarlata», revelando así que en realidad es impura, una ninfómana de hecho. El que domine la agresión o el deseo parece depender tanto del tono de rojo que se lleve como de la situación. En general, los rojos que tienden directa con el sexo. El brillante carmesí aterciopelado de la rosa de aparecer sugerir una capacidad para la pasión que, aunque profundad hacia a naranja, por su parte, parece conducir más hacia la agresión. Como escribe Goethe en su Teoría de los colores: El lado activo está aquí al máximo de su energía, y no hay que explica especialmente este color. Entre las naciones salvajes se ha observado universalmente una inclinación hacia él.

A los niños, como señala Goethe, les gusta el color rojo; aunque esta observación la hizo en 1810, aún la podemos confirmar en cual quiera clase de una escuela elemental. Sin embargo, cuando la cantidad de rojo de una indumentaria es pequeña, puede ser difícil adivinar su significado; una corbata de color rojo vivo puede indicar energía física y un interés intenso por la vida, o puede ser señal de radicalismo político. Los tonos más débiles, desde el rosa oscuro hasta el rosa camarón, parecen tener relación con los afectos. Un rosa fuerte es el color tradicional del amor romántico, tanto sexual como emocional. A medida que se va añadiendo blanco (pureza, inocencia), el contenido sexual disminuye y finalmente desaparece. El rosa lo suelen llevar con mayor frecuencia, en nuestra sociedad, las mujeres de mayor edad y las niñas preadolescentes, de las que se supone que tienen en común un sentimiento de fuerte afecto, pero no de pasión. Cuanto más vieja o más joven sea la mujer, más pálido es el tono de rosa que se cree apropiado para ella, como podemos ver en los anuncios y en las estanterías de las tiendas de ropa. El rojo vivo, convencionalmente, está restringido a las mujeres en los albores de su sexualidad, y se piensa que es muy poco favorecedor (es decir, impropio) para quienes ya han superado esta etapa. Por otra parte, no se piensa que sea poco favorecedor para los hombres mayores, aunque el que tiene más de cincuenta años y se pone una camisa escarlata está reivindicando, como sus colegas varones más jóvenes, su derecho a un alto potencial sexual o agresivo. 

RESPETABILIDAD PRIMARIA Y CHABACANERÍA SECUNDARIA

Los colores secundarios, el naranja, el verde y el púrpura, son menos frecuentes en la ropa que los primarios, especialmente en épocas conservadoras. Individualmente, y aún más cuando van combinados, sugieren lo inusual, lo original, lo peculiar: un tejido estampado en naranja, gris y púrpura parece más llamativo y más exótico que el mismo diseño en rojo, amarillo y azul. En ciertos países, el naranja se utiliza a menudo para la ropa de seguridad por su alta visibilidad (más incluso que la del amarillo). Los agentes de tráfico, los ciclistas por la noche y los cazadores en los bosques llevan prendas de un naranja brillante, este color ha llegado a significar peligro. Los miembros de la secta de Hare Krishna ciertamente están llamando la atención cuando ya por las calles de las ciudades comprable, pueden representar un auténtico peligro.