
Después de que el abanico japonés plegado hecho con hinoki (ciprés japonés) fuera introducido en China a finales del período Heian (siglo XII), los chinos empezaron a producir abanicos plegados de madera de sándalo y marfil con decoraciones de oro y plata. Fue en 1549 cuando uno de estos. abanicos se pudo ver por primera vez en la escena de la moda cortesana francesa. En el siglo XVII se inició la producción en Francia, especialmente en París, y la popularidad de los abanicos franceses alcanzó su punto álgido a mediados del siglo XVIII. Los abanicos franceses representan el máximo nivel de la artesanía del siglo XVIII y están hechos de varios materiales, como el carey, el marfil y la madreperla, con aplicaciones de pinturas lacadas y grabados.
En la moda femenina de la corte se caracterizaba por una enorme tabla ahuecada lateralmente por un guardainfante, y un alto peinado. Esta moda expresaba la cumbre de la belleza dcl artificio; los vestidos de mujer cran tratados como si fuesen construcciones realizadas con tela. Para entonces, la refinada ligereza del período rococó había desaparecido y oscuros presagios de la Revolución empezaban a asomar en la indumentaria. Los peinados de una altura exagerada y las pelucas añadían más complicación al atuendo. Si bien anteriormente habían tenido el aspecto de pintorescos paisajes y parterres de flores, en aquel momento se volvieron algo raros y exagerados, y los coiffeurs (peluqueros)adquirieron un importantísimo papel en la creación de esos extraordinarios tocados. La victoria de la fragata francesa La Belle Poule, en el año 1778, inspiró nuevos estilos de peinado, como los llamados à la Belle Poule, à l’indépendante y à la Junon, en los que se colocaban réplicas en miniatura de naves de guerra sobre la cabeza. Esto se convirtió en moda.
A lo largo de todo el siglo XVIII el foco de mayor interés de la indumentaria residió en la ornamentación. Especialmente durante la década de 1770, el ingenio se desbordó y los marchands de mode se convirtieron en personajes importantes. Estos merceros se encargaban de producir y vender artículos para adornar a la persona de la cabeza a los pies, incluyendo tocados para el peinado. Dieron rienda suelta a su imaginación a la hora de diseñar atuendos y crear tocados, y se convirtieron en los responsables de marcar el estilo, como si estuvieran en posesión del monopolio absoluto del mundo de la moda. La afición de los ingleses por la vida al aire libre y la caza dio pie a que el redingote y la chaqueta al estilo húsar, originalmente prendas masculinas. El pierrot (derecha), una chaqueta corta y ajustada con faldón corto, fue popular desde mediados de la década de 1780 hasta finales de siglo. Esta chaqueta y falda datan del período revolucionario. La falda es de linón, una tela de gran calidad parecida al lino y hecha con un delicado y fino algodón. LLa ligereza y transparencia de este material se puso de moda, y otros similares como el percal, la muselina y la gasa le siguieron los pasos. Otra moda popular de la época era el redingote, una chaqueta para hombre con cuello de solapa que se usaba para viajar y montar a caballo. Este estilo pasó a formar parte del atuendo femenino y dio lugar al redingote al estilo húsar.
Desde la época medieval, en Francia existía el gremio de sastres, cuyas actividades eran estrictamente reguladas. Aunque en la segunda mitad del siglo XVIII se había creado una compañía de mujeres modistas para confeccionar prendas femeninas, Les Maitresses Couturières, sólo los sastres eran aceptados como confeccionadores de corsés y trajes de la corte, tanto femeninos como masculinos. Debido a la rigidez de los materiales, se precisaban unas manos fuertes para coser las ballenas; por esta razón, los corsés eran fabricados principalmente por los sastres. A lo largo del siglo XVIII, la silueta del vestido femenino estaba moldeada por el corsé y el guardainfante. Para elevar el pecho el corsé estaba encañado con ballenas. El guardainfante, que apareció a principios del siglo XVIII, se convirtió en prenda obligatoria para la indumentaria de la corte hasta el período de la Revolución Francesa. A mediados de siglo, la falda se fue ensanchando y se modificó el guardainfante, que quedó dividido en dos mitades laterales. Esos armazones monumentales solían ser to de burla.
Francesa las mujeres ya no usaban corséni guardainfante, y el rumbo de la moda cambió radicalmente, pasando del rococó a un estilo racional y neoclásico. Hacia el año I804 se empezó a utilizar un nuevo tipo de corsé sin ballenas, menos rígido; así pues, esta prenda se convirtió de nuevo en parte indispensable del vestuario femenino. El estallo la Revolución Francesa, la moda se convirtió en un instrumento de propaganda ideológica de la nueva era. Los revolucionarios declararon su espíritu rebelde y su rechazo a la vieja sociedad mediante el atuendo, y aquellos que llevaban complicados y extravagantes trajes de seda eran considerados enemigos de la Revolución. En lugar de calzones (culottes) y medias de seda, que representaban a la nobleza, los revolucionarios vestían pantalones largos, una chaqueta (carmagnole), un gorro frigio la escarapela tricolor y zuecos; todas ellas prendas utilizadas por la clase baja. Se denominaban sansculottes, es decir, “aquellos que no llevan calzones”.
