
La estrecha relación entre arte y moda se remonta a siglos atrás. Durante mucho tiempo el vínculo se establecía en un solo sentido: los artistas reproducían la moda de la época en sus cuadros y esculturas para retratar la sociedad, hasta que en el Renacimiento la indumentaria adquirió un papel más significativo: aparte de reproducir modelos en sus obras, algunos artistas como Antonio Pisanello, pasaron a diseñar tejidos y bordados. Ya en nuestros días, tanto artistas como diseñadores flirtean más que nunca con la idea de que la moda es mucho más que telas, diseños y apariencias. Pero si un día hubo líneas divisorias que separaban arte y moda, hoy están difuminadas. El acercamiento de los diseñadores al arte y a su lenguaje les ha permitido explorar y representar momentos car-gados de emoción, sexualidad, sensualidad, política, modernidad y romanticismo, así como transmitir una miríada de mensajes subversivos y semióticos que convierten a quienes llevan sus creaciones en auténticos lienzos andantes.
A principios del siglo xx la moda se erigió en medio de expresión de las vanguardias europeas. Bajo la influencia del movimiento británico Arts and crafts, los talleres de Viena -los Wiener Werkstätte estaban formados por artistas, arquitectos y diseñadores fusionaron los ideales estéticos del arte y el diseño Inspirándose en objetos funcionales diseñaban muebles, cristalerías, mesas y piezas de cerámica en consonancia con su visión de la moda. El estilo se caracterizaba por atípicas combinaciones de colores y contrastes radicales de tonos y motivos; reproducían formas geométricas y delicadas florecillas.
Si bien no innovaron en cuanto a patrones, su uso del color-original y primoroso influyó en muchos diseñadores y artistas independientes que no tenían nada que ver con los Wiener Werkstätte, como Sonia Delaunay (1885-1979). Tras formarse y trabajar en París, Delaunay fue conocida por sus interpretaciones del orfismo, un tipo de pintura abstracta afín al cubismo. Creía firmemente en el color como medio principal de expresión artística y logró crear flujos visuales a base de contrastar motivos geométricos de distintos colores sobre tela. Su trabajo tuvo un impacto notable al situarse en la intersección del arte y de la moda, un cruce de caminos en el que la artista jugó con los patrones y el diseño de las telas. Ingeniosa e influyente, Delaunay colaboró con Chanel y diseñó vestuarios para cine y teatro. La moda de los constructivistas rusos Varvra Stepanova (1894-1958) y Lyubov Popova (1889-1924) se basaba en su ideología. Sus diseños combinaban creatividad, confort y funcionalidad, pero su objetivo principal era reformar el contexto social. Gozaron del privilegio de explorar y poner en práctica sus inclinaciones artísticas sin los condicionamientos del consumismo. Los rasgos clave de sus creaciones surgían de la funcionalidad y de las sencillas siluetas de los trajes campesinos tradicionales, con mangas y bolsillos de quita y pon, cremalleras y contrastes de colores y materiales. El resultado era una moda innovadora y moderna.
Entre las dos guerras mundiales, el surrealismo, cuyo núcleo se encontraba sobre todo en París, lideró el avance hacia una nueva forma de enfocar las artes plásticas y la literatura. La diseñadora Elsa Schiaparelli, fascinada por el sentido surrealista de la fantasía, rechazó el modernismo de la década de 1920, experimentó con nuevos materiales -plástico, vidrio, celofán, seda de paracaídas, etc.-y exageró los accesorios de forma deliberada. Su colaboración con Salvador Dalí selló la alianza entre arte y moda más icónica del siglo pasado. Dalí diseñó el estampado de dos de los vestidos que más dieron que hablar en los años treinta: el Vestido de lágrimas y el Vestido de organiza con una langosta pintada. El primero, que daba la sensación de estar hecho jirones, se inspiraba en el cuadro de Dalí Tres jóvenes surrealistas sostienen en sus brazos la piel de una orquesta, en el que resulta imposible distinguir los desgarros de la tela de los de la piel. En cuanto al segundo vestido, encerraba connotaciones sexuales; Dalí utilizaba a menudo la langosta para transmitir mensajes sexuales. Estratégicamente situada en la parte delantera, la langosta parecía dirigirse hacia la entrepierna de la modelo. Si la intención era sorprender, lo consiguió.
Durante el resto del siglo xx, arte y moda continuaron moldeándose mutuamente. Los avances en el terreno de la fotografía y la aceptación de esta disciplina como expresión artística contribuyeron a cimentar los vínculos entre ambos. Los fotógrafos han explotado las cualidades semióticas y subversivas de la moda, mientras que la industria de la moda se ha servido de la fotografía para difundir y dar publicidad, como nunca, a la obra de los diseñadores y de las firmas, convertidos en auténticas marcas. La moda es un componente destacado de la cultura moderna el cine, la fotografía, el escaparatismo y las instalaciones artísticas son algunos de los canales para expresarse. Hoy la moda se ha instalado confortablemente en las galerías de arte reservadas en exclusiva a la pintura, la escultura y los montajes artísticos, por lo que las exposiciones temáticas y las retrospectivas de diseñadores son ya habituales. La moda es un reflejo de la cultura, la sociedad y la condición humana, al igual que lo son el arte clásico y el moderno. Además, el hecho de ofrecer importantes presentaciones bianuales, con temáticas inspiradoras muy actuales y sugerentes, le da, en cierto sentido, tanto poder como el arte, o incluso más.
