Cómo convertirse en una marca de diseñador

Su carrera sólo comenzó a despegar cuando Anna Wintour, editora del Vogue estadounidense, le ayudó a asegurarse cierto apoyo financiero. En la misma edición del International Herald Tribune que mencionaba a los adolescentes con aspiraciones, un artículo de Suzy Menkes comparaba a dos diseñadores bien diferentes: el prometedor Zac Posen, cuyos patrocinadores incluyen a Cartier y al magnate de la música Sean “P. Diddy” Combs, y Miguel Adrover, un diseñador reflexivo y multicultural quien, al finalizar su último desfile, apareció sobre la pasarela vistiendo una camiseta en la que se leía: “¿Habéis visto por ahí a algún patrocinador?”. Para ser diseñador, además de talento, hace falta tener suerte, un propósito firme y ser hábil en el arte de la autopromoción, y sólo unos pocos poseen todas estas cualidades.

Si el evento de Gaultier era un asunto multitudinario donde yo sólo era uno más entre cientos de periodistas, Matthew Williamson y su socio, Joseph Velosa, han accedido dedicarme, a mí y a mi libro exclusivamente, algo de su tiempo. Su colección de debut fue presentada por modelos como Kate Moss, Helna Christensen y Jade Jagger, entre otras, lo cual no estaba nada mal para un principiante, y la prensa no pudo por menos que hacerse eco del asunto. 

Madonna, Sarah Jessica Parker, Gwyneth Paltrow, Kirsten Dunst y Nicole Kidman visten sus diseños, que atraen a las famosas como un imán. Williamson es, probablemente, el diseñador británico más descaradamente comercial. “Ah, veo que ya has conocido a Coco”, me dice la recepcionista, cuando el spaniel de ojos brillantes me sigue hasta su oficina. Las paredes están pintadas en tonos cálidos y suntuosos que traen a la mente la India o Marruecos, lugares que han servido de inspiración para los diseños de Williamson. Joseph Velosa (un joven de cabello oscuro y voz calmada y mesurada) me conduce hasta una oficina amplia y luminosa. Mi vista se dirige hacia las ilustraciones que cuelgan de la pared del fondo, pertenecientes a la colección de primavera verano 2005 de Williamson, que el diseñador presentará en Nueva York en septiembre.

Así que, mientras yo diseñaba prendas que a la gente le gustaría ponerse, mis compañeros se dedicaban a hacer cosas como ir a buscar inspiración en los hospitales psiquiátricos. No fue la mejor época de mi vida”. Me dedicaba a mi profesión mientras acumulaba experiencia…Parte de mi trabajo consistía en viajar a la India como mínimo un par de veces al año, que habitualmente se convertían en tres o cuatro. Aprendí muchísimo, primero, a través de mi trabajo para una compañía mayorista (porque, aunque se trate de una cadena de gran distribución, los mismos principios empresariales se aplican a otros modelos de negocio). Tras dos años trabajando en Monsoon, Williamson se asoció con dos proveedores de la India y comenzó a trabajar en su propia marca. Así que cogí una caja entera de fulares y de muestras de tejido, y un cuanto abalorio y, de repente, tenía a veinte mujeres chillando a mi alrededor y diciéndome que todo aquello les encantaba y que tenía que hacerles unos cuantos vestidos. Ése fue mi primer pedido. Me fui a casa en estado de shock y le comenté a Joseph que tenía que hacer algunas prendas; desde ese momento, Joseph se involucró en el negocio de manera natural.”

Velosa recuerda: “Matthew llegó a casa diciendo algo así como: ‘¿Ya tengo lo que quería, èy ahora qué hago?’. Así que nos sentamos y calculamos cuánto dinero costaría producir las prendas y cuál debería ser su precio si queríamos que el proceso mereciese la pena… Antes de darnos cuenta, ya habíamos creado esta empresa casera”. Siguiendo el consejo de Vogue, la pareja se dirigió a una tienda de Knightsbridge llamada À La Mode donde, a pesar de que Williamson sólo había confeccionado dos vestidos. Williamson explica: “Estaba abrumado, pero Joseph calculó que, si podíamos entrar con nuestras prendas en À La Mode, podríamos entrar en Brown’s (el templo del estilo, situado en la londinense South Molton Street). Así que fuimos a Brown’s y conseguimos otro pedido de entre cincuenta y cien piezas, lo que nos hizo sentirnos muy emocionados con nosotros mismos y comenzar a pensar en vender en tiendas como Barney’s en Nueva York y Colette en París”. 

Velosa comenta que esta anécdota es ilustrativa del insaciable apetito por la novedad en el mundo de la moda: “Esto demuestra lo poco que se necesita para infiltrarse en el mercado. Al estar basada en el cambio, la moda siente una atracción inevitable por cualquier novedad. Por supuesto, a medida que va avanzando, uno se da cuenta de que, a pesar de que existe una cierta tolerancia hacia los nuevos talentos, en realidad la moda es un sector muy conservador, con parámetros definidos de manera casi científica”. En este sentido, el repentino éxito de Williamson tiene una explicación perfectamente lógica, que Velosa define así: “Se denomina ‘compra de confeti’ o ‘prensa de confcti’. El 20 % restante es lo que se denomina el ‘confcti’, los nuevos artículos divcrudos e innovadores que se esparcen aquí y allá para hacer que la tienda o la revista parezcan frescas e interesantes”.