Los estilos de moda con el paso del tiempo

Para un estilo que en los primeros años de la década se mostraba durante el día, con mujeres ordenadas que atendían a los detalles, se creó un maquillaje de rostros pálidos, casi blancos, donde resaltaba una boca achicada, fuertemente delineada en forma de corazón, con intensos colores llamados “rojo cardinal” o “púrpura cardinal”, cejas largas y muy depiladas y ojos con puntos rojos que se esfumaban en la parte superior y externa del párpado para alargar la mirada. Hacia el final de la década los labios son intensamente delineados, en bocas grandes, estilo Joan Crawford, que acompañaban peinados altos con rulos. Durante estos años, tal vez la imagen que mejor representa la moda en maquillaje es la de Dorothy Lamour: cara pálida y blanca con labios remarcados y ojos intensamente sombrecargados en la parte superior. Un maquillaje fuerte para acompañar los nuevos colores de moda: rojo cardinal, verde esmeralda, amarillo sulfuro y la marca de Elsa Schiaparelli: nuevo rosa shocking mezclado con rojo ciruela y oro metálico. Durante la década del 40 y en plena Segunda Guerra Mundial hay un verdadero “cambio de cara”: las mujeres comenzaron a revelar un inquietante aire de misterio, acentuado por los tules votlettes con motitas, que llegaban hasta la barbilla envolviendo hacia mediados de la década a los clásicos sombreros pillbox de terciopelo negro. Las cejas comienzan a ensancharse y las pestañas a pintarse con abundante rímel; los labios bien delineados conseguían finalmente un equilibrio con los ojos.

Las caras así maquilladas eran enmarcadas por importantes sombreros con flores y plumas, algunos hasta con pájaros embalsamados que compartían la moda con modelos austeros como el clásico pillbox. Tal vez la imagen de Vivian Leigh sea bien representativa de “la nueva cara” de los años 40. Sin embargo, este maquillaje, que era acompañado por los excéntricos sombreros que hacían más femeninos los severos tailleurs (combinación que ya se había dado en los primeros años del siglo), sintió el impacto de una nueva imagen que venía del mundo del cine: Katherine Hepburn, quien desafiaba las costumbres anticipándose al estilo deportivo. Mientras la revista Vogue 21 publicitaba los jeans por primera vez en julio de 1946, esta especial actriz se animaba al no maquillaje, que dejaba al descubierto cantidad de pecas enmarcadas por el color pelirrojo de su pelo. La belleza de posguerra se manifiesta en los vestidos ultra femeninos de Christian Dior, las mejillas color rosa, los labios colorados, los ojos delineados con sombras y los peinados siempre cubiertos por sombreros. Es también en esa época cuando comienza lentamente a perfilarse el frenesí del consumo de la moda que va a caracterizar a las décadas siguientes.

La cantidad de cosméticos que empiezan a industrializarse necesita de una base más amplia de mercado. Esta ampliación del mercado se consigue diversificando los maquillajes que se crean para cada vestido y cada ocasión. En especial se arma un maquillaje para el día y otro para la noche. Para la noche, acompañando los vestidos ballon llevados con tacos muy altos tipo aguja, el maquillaje empalidecía el aspecto natural de la piel, que se cubría por una crema base y un polvo que aclaraba las mejillas con rosa. La piel rosa y blanca destacaba más “los ojos felinos”, que ocupaban un lugar de importancia en el maquillaje, delineados en la parte superior y externa de los párpados y oscurecidos con sombra en polvo. Los peinados eran cortos con el pelo ligeramente ondulado. Para el día, las clásicas “chatitas”, las faldas amplias con grandes cinturones y los peinados con una típica “cola de caballo” mostraban la dualidad y el péndulo entre el estilo “gran dama” que caracterizó a los primeros años de la década, con el estilo “jovencita” de los últimos, prenunciando el poder de la moda joven de los años 60.

Nos resulta natural pensar que la verdadera revolución que se produce en la moda durante los años 60 haya formado parte de un movimiento de experimentación y de constantes búsquedas de nuevas formas de expresión en todas las ramas del arte y muy especialmente de las artes visuales. Mientras Dalila Puzzovio creaba sus famosas “dobles plataformas”, Pablo Mesejan y Delia Cancela, llegados a Londres desde Buenos Aires, declaraban: “Somos pintores y hemos elegido la moda porque es muy, muy viva manifestación, y nosotros queremos hacer cosas libres, crear todas las posibilidades en el lenguaje de la moda”. Así como se abren vasos comunicantes entre la moda y la plástica que permiten diseñar moda a artistas como Delia Cancela, Pablo Mesejean y Dalila Puzzovio, es casi una consecuencia directa que el maquillaje, más cerca de la decoración que del arte de la cosmética, se transforme, junto con la minifalda y los Beatles, en un símbolo de la década.

Lo demuestra Verushka, la estilizada modelo alemana que triunfa en los Estados Unidos de Norteamérica, cuando deja que le pinten flores en su cara y en su cuerpo. Las flores, el pelo largo y los colores brillantes eran la neta influencia de los símbolos del movimiento hippie norteamericano, basado en una cosmética primitiva y pictórica que pretendía llamar la atención sobre el amor, la paz y la libertad como medios para cambiar la sociedad.

Sin embargo, en una época en que fueron las princesas y las primeras damas como Jacqucline Bouvier Kennedy, Farah Diba y Margarct Trudcau las encargadas de difundir las modas, es una actriz de cine, Elizabeth Taylor, quien impone desde Cleopatra el signo característico de esos años: los ojos intensamente maquillados. Hasta entonces el maquillaje había acentuado la importancia de la boca, como zona erógena de la cara presentándola bien delicada con colores fuertes y brillantes. A partir de ese momento el foco de atención se desplaza hacia los ojos, sombreados con colores esfumados en la parte externa y superior del párpado, en cuya mitad una línea más intensa de color ayudaba a la profundidad de la mirada. Con pincel y sombra líquida se conseguía delinear con un delgado trazo la parte inferior del párpado superior y el borde inferior del ojo, consiguiendo un efecto rasgado. Las anchas cejas se iban afinando hacia el extremo externo del arco superciliar, enmarcando espesas pestañas postizas aplicadas con destreza cn grupos de a tres. En los últimos años de la década se intensificó el maquillaje de los ojos, enfatizándose las pestañas con trazos muy finos de líquido negro sobre la piel. Esos ojos intensamente maquillados hacían resaltar la perfección de la piel, que se consigue hacia 1962 con la aparición de las nuevas bases de crema “todo en uno”; es entonces cuando los “polvos faciales” deben ceder su indiscutido lugar de importancia.

Mientras tanto, los peinados desde el largo hasta el ultra corto popularizado por la actriz Mia Farrow en el año 1966, se detenían especialmente en el corte lacio creado por el peinador norteamericano Vidal Sassoon, con abundante flequillo y la nuca completamente rebajada que se prolongaba hacia adelante en forma descendente. Hacia 1969, cuando la atención se centraba en la llegada del hombre a la Luna, se cerraba una excitante etapa en la historia de la moda y el maquillaje. Muy lentamente Ives Saint Laurent impulsa a la moda a recuperar sus habituales ciclos, resurgiendo e imponiéndose el estilo clásico y la tendencia a la naturalidad. Esto ocurre a partir de 1972, porque hasta ese momento algunas formas de vestir como las maxifaldas que entusiasmaron a la juventud y los sucesivos cambios de estilos que habían ocurrido desde 1968 a 1972 fatigaron a los consumidores.