
Ese tiempo que, como decía Roland Barthes, “puede abrir sentidos cerrados desde muchos años”, al ser enfocado desde el ángulo de la moda, nos va a permitir descubrir que, aunque la moda parece a simple vista irracional, caprichosa y sólo consecuencia del desborde creador de algunos elegidos, en realidad se comporta de una manera lógica, coherente y especialmente previsible. A principios de los años 50, tal como Christian Dior lo había anunciado la década anterior, la moda descendió a la calle. Comienza entonces una nueva época, que podemos situar después del new look, en la que se impone la moda como un verdadero negocio, provocando el consumo por el consumo mismo. Al terminar la Primera Guerra Mundial (cuando el desarrollo de una tecnología adecuada sirvió de base a la expansión de la industria textil) comienza a producirse el recambio artificial en cada temporada, pero es realmente a comienzos de la década del 50 cuando la moda hábilmente consigue que algo innecesario se vuelva obligado.
El frenesí del consumo que alimenta la moda y que va a permitir un verdadero renacimiento y recuperación es, sin duda alguna, consecuencia de los años de racionamiento y de penurias que habían pasado la mayoría de las naciones productoras de moda. La gran transformación de los años 19141-950 permitió que las nuevas condiciones socioeconómicas y tecnológicas impulsaran un nuevo orden en el sistema. El desenvolvimiento de este nuevo orden se produjo de manera asincrónica, es decir, avanzaba más aceleradamente en algunos países y más lentamente en otros, transformando la moda que se regía por un sistema comparativamente lento y previsible, hacia formas más complejas y de cambios rápidos, apoyándose en las nuevas tecnologías que aparecían y en los poderosos medios de comunicación masiva.
Uno de los primeros cambios que se observan en este proceso es que de manera paulatina la moda deja de ser únicamente un medio para distinguirse de los demás (fenómeno base de la alta costura) para pasar a ser un medio de adaptación a la vida social (aparición del prêt-à-porter y nacimiento de la producción seriada en gran escala).
Comienza entonces un proceso de democratización en el sistema de la moda; si por democratización se entiende a la acción que resulta de incluir cada año en los engranajes de la moda a nuevos grupos que habitualmente no estaban incluidos en su juego o simplemente tenían como función cerrar el ciclo económico consumiendo saldos. Esta acción de incluir nuevos consumidores cada vez mejor informados de lo que pasa en otros lugares y más seguros de su necesidad de vestir “como los demás” alimenta el proceso de aceleración de la moda que se desata a partir del principio de la década del 70, completando el otro término de la ecuación democratización aceleración que domina el panorama de la última mitad del siglo XX.
En la base del proceso de democratización se encuentran las necesidades industriales de generar cada vez mayores consumos. La industria textil que había descubierto en la era industrial que la moda era un importante “bien económico”, descubre en la era de la informática que ese bien económico es además altamente rentable. Asimismo, para demostrar una vez más la profunda interdependencia que existe entre los procesos políticos y económicos que viven los diferentes países y el desarrollo de la moda, cabe señalar que este proceso iniciado en la Segunda Guerra Mundial tuvo un enorme salto con la crisis del petróleo de 1973.
En esa coyuntura se produjo un profundo desequilibrio y reestructuración de las finanzas mundiales. Es conocido que, a medida que aumenta la inestabilidad en cualquier sistema (político, económico o social), las reglas de comportamiento tienden a cambiar, produciéndose transformaciones de distinta índole. Entre estas transformaciones está la expansión de la moda hacia otros horizontes, abarcando a millones de nuevos consumidores y vinculando estos nuevos mercados a una estructura mundial que trata de ser integrada.
La facilidad en la transmisión de las informaciones de mercado a mercado fue imprimiendo a partir de esa fecha una velocidad tal al flujo de las finanzas mundiales, que necesariamente influyó y determinó un desarrollo, impensado pocos años atrás. La aceleración en el sistema de la moda, que se traduce en la necesidad de mostrar sucesivamente una cantidad cada vez mayor de tendencias por temporada, se realimenta en el proceso de democratización de la moda. Cada vez mayor cantidad de consumidores cambia más rápidamente sus estilos de vestimenta. Basándose en este comportamiento y en la necesidad de canalizar el inmenso engranaje industrial, hay en Europa y Estados Unidos grupos especiales de trabajo, que pueden llegar a manipular, proyectar y organizar la moda que va a aparecer dos años después. Por supuesto, esta proyección se hace tratando de conciliar a través de extensos estudios de mercado las necesidades sociales, económicas y culturales de la población con las necesidades de las organizaciones industriales, que a su vez dependen de los excedentes y las carencias de las materias primas.
