
Además de decirnos si las personas son de sexo masculino o femenino, la ropa nos puede decir si les interesa el sexo, y si es así qué tipo de sexo les interesa. Por supuesto, esta información puede ir más o menos disfrazada. La ropa que se usa para ir a trabajar, por ejemplo, se supone que disimula la sexualidad en lugar de darle relevancia, y que oculta por completo cualquier gusto erótico concreto. En realidad, hasta la indumentaria más seria puede contener indicaciones eróticas, pero cualquiera que se vista para ir a trabajar como si estuviese a punto de irse de juerga es probable que suscite cotilleos hostiles o algo todavía peor. Por otra parte, en los actos sociales cualquier persona relativamente joven que no vaya vestida con alguna intención quedará mal. En consecuencia, la ropa de colores vivos y sexy la utilizan a veces personas que quieren que se las admire, e incluso que se las ame, pero a las que no les interesa demasiado atarse a nadie. En ocasiones, ciertos detalles de la indumentaria sugieren los auténticos sentimientos de estas personas: los puños del impermeable van muy ceñidos a la muñeca con hebillas y las puntas de los cinturones aparecen fastidiosamente aprisionadas; la camisa carmesí abierta casi hasta la cintura descubre no sólo una cadena de oro, sino una camiseta o un sujetador lisos de algodón blanco y aspecto desalentador; los lazos de la blusa de gasa semitransparente un apretado nudo doble. La ropa anti sexual también la puede imponer una autoridad exter.na. Los mother bubbards que facilitaban los misioneros para cubrir la desnudez de los isleños de los mares del Sur son un ejemplo clásico. Y aún hoy los uniformes escolares especialmente los de las niñas a menudo parecen diseñados para desalentar el interés erótico. El uniforme de preso puede tener la misma finalidad. Con frecuencia, como señala Rachel Kemper, a la «prostituta vestida elegantemente, cuando entra en la trena, le dan zapatos Oxford negros con tacones cubanos, calcetines, vestidos lisos de algodón y ropa interior con sostenes completamente desgastados e inútiles». Otros presos, tanto hombres como mujeres, pueden sufrir el mismo tipo de humillación.
La ropa suave, suelta y de tonos cálidos sugiere tradicionalmente una personalidad cálida, informal y afectuosa, y la prenda que va parcialmente desabrochada muestra fragmentos de carne y además implica que será fácil conseguir la desnudez total. La ropa ceñida, muy abrochada y abotonada (si no deja que se marque la figura) se piensa que da cabida a una persona estricta y eróticamente reprimida. Los tejidos fuertes y crujientes gabardinas, algodones almidonados y tejidos sintéticos rígidos también parecen negar la sensualidad, y lo mismo ocurre con los colores grises y apagados. Cuando la ropa de colores mortecinos se lleva al mismo tiempo inusualmente ceñida e inusualmente pulcra, los observadores sospecharán no ya un desinterés sexual sino incluso impotencia o frigidez. Una actitud positiva hacia el sexo puede ser también obvia o sutil. Las personas jóvenes e ingenuas pueden ir con tejanos muy ajustados y camisetas con el mensaje HAPPINESS IS A WARM PUSSY; las personas de mayor edad y más sofisticadas transmitirán el mismo tipo de mensaje por medios menos llamativos. Y aquellas personas cuyos intereses textiles que son invisibles excepto para quienes conocen el código.
TELA, PIEL Y CUERO
El hombre que viste con unos pantalones y una camisa de pesada lana se asume que «tiene la piel gruesa» en el sentido que esta expresión tiene en inglés coloquial: emocionalmente duro y quizás insensible. El hombre que viste con un ligero traje de shantung se asume que «tiene la piel suave»: sensible, posiblemente susceptible. Uno de los mensajes textiles más antiguos es el uso de pieles de animales. Los cazadores primitivos se vestían con los cueros de las bestias que habían matado para asumir la naturaleza mágica del oso, el lobo o el tigre. Incluso hoy, los hombres y las mujeres que llevan pieles de animales no sólo están consumiendo ostentosamente, también se están presentando a sí mismos como animales. Hasta qué punto haya que la piel. Llevar cuero, por lo común, no supone afirmar que uno sea una vaca, una ternera o un toro, aunque en ocasiones se pueda atribuir este último significado a unas chaparreras o a una chaqueta de flecos Más a menudo, el cuero simplemente sugiere la idea de contacto sexual con la piel de quien lo lleva; dependiendo de cómo se haya tratado. Puede presentarla como una piel lisa y fuerte como la chaqueta de cuero negro de un motorista, o suave y vellosa como un vestido de ante. Las pieles menos comunes pueden tener significados más complejos. Una chaqueta o un chaleco de gamuza, por ejemplo, pueden sugerir un idilio apasionado, mientras que si son de caimán, serpiente o lagarto podrían predecir un encuentro caro, algo frío y cenagoso. Sin embargo, los zapatos y los bolsos de cocodrilo no pueden transmitir nada más frío que el exceso de riqueza.
