La alta costura y sus tendencias

Los motivos florales tejidos en la tela parecen pequeños crisantemos, flores que se habían hecho populares gracias a la influencia del japonismo. Se pueden observar complejos y delicados adornos, como la generosa aplicación de flecos al cuerpo y al polisón, y el estrecho plisado que servía para adornar la falda. Los voluminosos vestidos de la época, que precisaban grandes cantidades de seda de Lyon, eran una moda muy reciente que se extendió por todo el mundo. Por ello, Lyon se convirtió rápidamente en la principal suministradora de los tejidos que se utilizaban en la moda de París. La imponente belleza de los materiales produce incluso un efecto mayor en este vestido de espectacular diseño. A finales del siglo XIX se pusieron de moda los materiales exquisitamente complejos. Éstos son buenos ejemplos de motivos tejidos que utilizaban grandes cantidades de terciopelo cortado. A medida que la industria de la tejeduría y la maquinaría fueron evolucionando, la tecnología provocó una transformación en el desarrollo de los tejidos de calidad, y se hizo posible crear diseños intrincados y de gran categoría. Pero al poco tiempo, desde aproximadamente el año 1900, hubo un gran cambio y el uso de materiales livianos como el chiffon y el encaje se puso de moda. La visita era un tipo de abrigo que estaba de moda en combinación con el vestido con polisón. Tiene una incisión para dejar espacio a la abultada parte trasera del vestido y los adornos se concentran en la espalda para realzar el diseño del polisón. Estos adornos son extremadamente complejos y detallados con gran minuciosidad.

Durante largo tiempo, en Europa fue tradición vestir de negro cuando se estaba de luto. En el siglo XIX los códigos de la indumentaria eran muy detallados, y las normas para el atuendo de luto eran estrictas. Para no mostrar la piel desnuda, el vestido de luto presentaba un escote alto y manga larga, y se tenía que llevar con guantes; así mismo, llevaba fruncidos, plisados y flecos de cuentas. La tradición de que las novias vistieran de blanco quedó consolidada en la década de 1820. Los vestidos de boda están profusamente ornamentados, por ejemplo, con encaje y cuentas de perlas. En la segunda mitad del siglo XIX, los códigos de la indumentaria para las clases altas eran estrictos. Las mujeres en concreto debían cambiarse de traje siete u ocho veces al día, dependiendo de la hora y del lugar. Las revistas de moda de la época mostraban las últimas tendencias en vestidos bajo epígrafes tales como “vestidos para recepciones” o “vestidos de tarde”. Esto es un claro ejemplo de que en esa época las categorías de los atuendos eran extremadamente detalladas y diversas.

El vestido de Charles Frederick Worth, en el centro de la página anterior, es un ejemplo de cola con volante guardapolvo. Este tipo de volante se añadía a la parte interior del bajo de un vestido largo o enagua. Una falda con cola llevaba un volante guardapolvo para poder andar por la calle y no ensuciarse el vestido. Una cola larga como ésta, de I,75 metros, decoraba un vestido de forma espectacular. Así mismo, denota una gran elegancia y un estilo perfectamente adecuado para las fiestas o los banquetes de categoría.  A finales de la década de 1880 el polisón se redujo y el vestido cambió y adquirió un estilo más sencillo. En la parte trasera de la falda quedaban vestigios del polisón, pero las formas extremas de este estilo se simplificaron y se volvieron más discretas. A la izquierda vemos un impresionante brocado de seda con motivos de helecho tejidos, parecidos a las plantas japonesas llamadas basho, lo que le da un toque japonés.  A lo largo de todo el siglo XIX la cintura estrecha fue muy admirada. Las mujeres usaban corsé para conseguir la figura perfecta. Esta forzada distorsión y compresión del cuerpo continuó hasta principios del siglo xx.  A finales de la década de 1820 las faldas volvieron a ahuecarse. Las mujeres llevaban varias capas de enaguas bajo las faldas para aumentar su volumen. La sencilla idea de urdir la crin de caballo para obtener un tejido con que fabricar miriñaques surgió a principios de los años cuarenta, y así nació la crinolina o miriñaque. Ahora era posible conseguir faldas bien anchas con una sola capa de tejido. A finales dela década de 1850 se empezaron a utilizar aros de alambre o hueso de ballena unidos horizontalmente, para producir nuevas y originales versiones del miriñaque. Pero con la aparición de este armazón ligero y fácil de llevar, la transición hacia unas faldas aún más anchas se aceleró, y éstas alcanzaron su máximo vuelo hacia la década de 1860. Esta estructura fue adaptada por la nueva tendencia, el estilo polisón, en el que la falda se expandía hacia atrás.