
Durante el siglo XVIII se hicieron populares los mitones o guantes sin dedos. El tipo más común era aquel en que el pulgar quedaba separado de los otros cuatro dedos y el dorso de la mano se cubría con un doblez de forma triangular. Los mitones decorativos se llevaron hasta bien entrado el siglo xix. Durante e siglo Meel escote de los vestidos era ancho y abierto. Las mujeres se posan una pañoleta triangular llamada fichú sobre los hombros, que cubría la zona abserta e iba sujeta al peto. Como puede verse en este vestido, la forma en que ambos extremos del fichú se entrecruzan sobre el peto es similar al estilo que puede observarse en el cuadro de Madame d’Epinay, pintado por Jean-Etienne Liotard. Aunque los atuendos masculinos extravagantes fueron la norma en el siglo XVII, en el XVIII se volvieron algo más discretos y refinados. La casaca masculina del siglo XVII llamada justa corps fue sustituida en la segunda mitad del X por el habit (casaca), que se llevaba con chaleco y calzón. El tejido con dibujo de contorno difuminado se llama chiné rameado. Al igual que en el tejido hoguishi japonés (un tipo de técnica kasuri), el dibujo se estampaba sobre la urdimbre antes de tejerlo. En Europa, la técnica chiné resultaba extremadamente difícil, de manera que los tejidos con grandes dibujos sólo se fabricaban en Francia. Los motivos se aplicaban principalmente sobre tejidos finos, como el tafetán de seda. El colorido de tonos pastel y la textura esponjada son características de la técnica chiné. A mediados del siglo XVIII se puso de moda el uso del tejido chiné para los vestidos de verano de alta calidad.
Las extravagantes sedas fabricadas en Lyon fueron inseparables de la moda rococó. En esta localidad, la producción de tejido de seda experimentó avances tecnológicos gracias al interés del gobierno francés. Debido a estos adelantos, los tejidos ofrecían una amplia variedad de motivos con guirnaldas, lazos e imitación de encaje, todos ellos con diversos estilos de líneas curvas y elementos decorativos. Las sedas de Lyon se convirtieron en uno de los productos más estimados de Europa. El vestido que se muestra en la página 58 utiliza una hermosa seda polícroma con motivos de puntillas blancas y ramos de flores. En la página 59 se observa el detalle de un vestido acolchado de estilo inglés. Aunque las faldas acolchadas eran algo común en la moda del siglo XVIII, un vestido totalmente acolchado como éste era algo inusual y extremadamente valioso.
La moda de las rayas se extendió por todas las clases sociales a partir de la década de I770. En la revista de moda Magasin des Modes, publicada en los años ochenta, justo antes de la Revolución Francesa, aparecían con frecuencia las rayas verticales en dos colores tanto para atuendos masculinos como femeninos. La moda de las rayas continuó durante el período revolucionario. Los elementos funcionales para la indumentaria aparecieron en la moda femenina a mediados del siglo XVIII. En este vestido, los compères, dos paneles de tejido con botones, cubren la parte frontal del corpiño. Los compères eran más simples y prácticos que el peto, que tenía que sujetarse al vestido con alfileres cada vez que se ponía. Los volantes, el fleco de pasamanería, las flores artificiales, los lazos y la chenilla son ornamentos esenciales para la moda rococó. Este vestido está adornado con un delicado fleco de pasamanería, chenilla y bullones rellenos de algodón para darle un aspecto más tridimensional. Aunque los ornamentos resultan excesivos, están perfectamente equilibrados y representan el espíritu más sofisticado y delicado del estilo rococó. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la popularidad de la anglomanía hizo que los vestidos se simplificaran. Como contraste, los trajes femeninos cortesanos de la época presentaban una silueta exagerada, con un corpiño muy ajustado por el corsé y una amplia falda ahuecada en ambos lados por unos guardainfantes. Representaban el apogeo de la belleza del artificio; los anchos vestidos y altos peinados siguieron siendo el atuendo oficial de la corte hasta la Revolución.
Los ternos masculinos pasaron a tener un estilo más funcional en la segunda mitad del siglo XVIII. En general la casaca se volvió más entallada, el chaleco se acortó, se le quitaron las mangas y el dobladillo tenía un corte horizontal. Pero los colores vivos, los exquisitos bordados, el intrincado encaje para chorreras y puños, así como los botones decorativos, siguieron siendo elementos importantes del atuendo de un caballero que vistiera al estilo rococó. En el siglo XVIII los elegantes bordados tuvieron mayor presencia en el atuendo masculino. Por esa época existían muchos talleres de bordado en París, y Diderot describió uno de ellos en su Encyclopédie. En el taller el cliente seleccionaba el tejido ya bordado y a continuación el sastre cortaba y cosía el traje. Este sistema se llamaba à la disposition. Numerosos botones decorativos adornaban los trajes masculinos del siglo XVIII. Los botones artísticamente confeccionados, hechos de porcelana, bordado, metal y cristal, eran elegantes complementos de la moda masculina.
